Juan Manuel Mateos Vicente
Sacerdote (1934-2021)
Nacimiento: Fuentes de Oñoro (Salamanca), 11 de mayo de 1924
Profesión religiosa: San José del Valle (Cádiz), 16 de agosto de 1954
Ordenación sacerdotal: Posadas (Córdoba), 5 de mayo de 1963
Defunción: Sevilla, 31 de enero de 2021
Don Juan Manuel nació en Fuentes de Oñoro (Salamanca), pueblo fronterizo con Portugal, el 11 de mayo de 1934. Como tanto otros chicos de la provincia de Salamanca, fue llevado como aspirante salesiano a la inspectoría de Sevilla. Hizo el noviciado en San José del Valle (Cádiz), donde profesó el 16 de agosto de 1954. Estudió la filosofía en Utrera-Consolación (1954-1956) Después del tirocinio en Córdoba (1956-1959), cursó sus estudios de teología en Posadas (1959-1963), don Juan Manuel recibió la ordenación sacerdotal el 5 de mayo de 1963, de manos de Mons. Manuel Fernández Conde, obispo de Córdoba.
Desde entonces ha venido desarrollando su labor pastoral en Córdoba (1963-1966), Santa Cruz de Tenerife (1966-1967 y 1978-1979), Las Palmas de Gran Canaria (1967-1974), Martí-Codolar (1974-1975), Sevilla-Universidad Laboral (1975-1978), La Orotava (1979-1982), Montilla (1982-1985), Pozoblanco (1985-1987 y 1991-1996), Antequera (1987-1991), Jaén (1996-2016) y Sevilla-Trinidad, desde 2016 hasta su defunción, habiendo permanecido desde el pasado verano en la Residencia Don Pedro Ricaldone, donde ha fallecido.
Recordaremos a don Juan Manuel como buen salesiano, sencillo, muy amable, piadoso y muy trabajador. Dios se lo ha llevado en el día de la fiesta de Don Bosco, signo de que ha querido premiarle así el amor y servicio a la Congregación salesiana. Debido a que el 31 de enero fue domingo y solemnidad de Don Bosco y el uno de febrero se celebra la conmemoración de todos los salesianos difuntos, su funeral se celebró el día 2 de febrero en la Basílica de María Auxiliadora de Sevilla. Después, según el protocolo impuesto por la pandemia, su cuerpo fue incinerado. Tenía 86 años de edad y había cumplido 66 años de salesiano y 57 de sacerdote.
Esperamos que el Señor Resucitado lo haya recibido en su Reino, junto con todos aquellos que han entregado su vida a la misión salesiana, que nuestro padre Don Bosco y María Auxiliadora, a los que con tanto cariño amó y sirvió, lo hayan acogido a su llegada al cielo.