Castilla Pérez de León, Manuel

Manuel Castilla Pérez de León

Coadjutor (1914-2013)

Nacimiento: Zalamea la Real (Huelva), 10 de octubre de 1914
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1942
Defunción: Sevilla, 6 de febrero de 2013

Nació el 10 de octubre de 1914 en Zalamea la Real (Huelva). Sus padres Germán y Presentación, dedicados a las faenas del campo y de la casa, respectivamente, deseosos de mayor formación, logran que, a través de un familiar, ingrese como alumno en el taller de escultura de los salesianos de la Trinidad (1931-1936). Siguieron el servicio militar y la Guerra Civil. Acabada la contienda, decide ingresar en la Congregación Salesiana.

Permaneció por un breve período de tiempo en el aspirantado de coadjutores en Cádiz, donde comienza el aprendizaje de sastre a sus 25 años. Es admitido al noviciado salesiano en San José del Valle (1941-1942), donde realiza su primera profesión el 16 de agosto de 1942, con 28 años.

Su primer destino es la casa de la Trinidad, en Sevilla, donde se perfecciona en el oficio de sastre. En Utrera (1945-1961), por la mañana se ocupaba en su taller de sastrería y por la tarde atendía a los muchachos que venían de las cercanías. Todos los años montaba un monumental belén en el santuario y era muy visitado.

A partir de 1961, deja su profesión de sastre y se centra en la enseñanza en favor de los niños pequeños. Comienza entonces un itinerario por distintos colegios de la inspectoría: San José del Valle (1961-1962), oratorio festivo «Torres Silva» de Jerez, colegio de Carmona y de Triana. El verano de 1969, es destinado a Huelva, donde permanecerá 36 años, con la excepción señalada en San José del Valle. En los primeros años se centró en la escuela, con clase de dibujo, manualidades y canto. Siempre alternó el trabajo escolar con servicios en la comunidad: sacristía, ropería, despensa y ayudando ocasionalmente en la cocina. La atención al puesto de la librería o quiosco fue algo característico suyo, al mismo tiempo que atendía en la venta de chucherías.

El 21 de julio de 2010, es trasladado a la casa de enfermos don Pedro Ricaldone de Sevilla. Carecía de visión y tenía deficiencias en la audición, así como los achaques propios de su avanzada edad, que aceptaba con resignación y hasta con buen humor. Todo le parecía bien, todo estaba para él muy bueno y «muy rico». El «Dios se lo pague» estaba siempre en sus labios.

El 1 de febrero de 2013 sufrió una caída que le generó una serie de complicaciones que no pudo superar. Falleció la mañana del día 6 de febrero de 2013 en la Clínica Santa Isabel de Sevilla.

Era un salesiano animoso, feliz, ocurrente y amable. En su sencillez y humildad resaltaba su condición de buen religioso, de piedad sencilla. Fue un gran trabajador, artista y con gusto para los detalles. Hombre optimista por naturaleza, todo le parecía bien. Tuvo una ancianidad larga y feliz.