Gutiérrez Martín, Glicerio

Glicerio Gutiérrez Martín

Sacerdote (1930-2012)

Nacimiento: Moral de Hornuez (Segovia), 14 de diciembre de 1930
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1950
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1959
Defunción: Madrid, 26 de mayo de 2012

Glicerio nació en el pequeño pueblo segoviano de Moral de Hornuez el 14 de diciembre de 1930. Sus padres fueron Fermín Gutiérrez y Andrea Martín. Hizo sus primeros estudios en la escuela nacional de su pueblo y después en el colegio salesiano del Paseo de Extremadura de Madrid.

Quiso ser salesiano y fue enviado a hacer el aspirantado a Astudillo, donde estuvo solo un año, pasando después a Arévalo. En 1949 comenzó su noviciado en Mohernando, donde profesó el 16 de agosto de 1950. Los estudios de filosofía, los cursó en el colegio de San Fernando, uno de cuyos pabellones había sido habilitado para estudiantado filosófico. Terminados los dos años de filosofía, fue destinado a hacer el trienio práctico un año en Vigo y dos en el colegio San Fernando de la Diputación de Madrid. Los cuatro años de teología los hizo en Carabanchel Alto y allí fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1959.

Comenzó su ministerio sacerdotal en el colegio de Atocha, en el que fue encargado de la sección de oficialía. Pasó después a ser administrador sucesivamente en las casas de Santo Domingo Savio de Madrid, Béjar, Arévalo, Paseo de Extremadura y Guadalajara. Fue director de las casas de Soto del Real y de Ciudad Real. Al terminar su cargo de director volvió a ser administrador en Puertollano, Arévalo y Guadalajara.

Los últimos 19 años trabajó en Santo Domingo Savio, donde murió repentinamente el 26 de mayo de 2012, a los 81 años de edad.

Estaba en posesión de los títulos de Maestro Nacional, Diplomatura en Catequética y Auxiliar de Letras. Era un hombre sencillo, muy trabajador y equilibrado y, además, tenía un gran sentido práctico, como lo demostró en los cargos de responsabilidad a los que fue destinado, sea como administrador, sea como director. Observante y de una religiosidad, sencilla pero profunda, pasó haciendo el bien con naturalidad y dejando siempre un grato recuerdo en todos los que lo trataron.