Andrés Peña, Ciriaco

Ciriaco de Andrés Peña

Sacerdote (1926-2011)

Nacimiento: Cabezón de la Sierra (Burgos), 20 de abril de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 28 de junio de 1953
Defunción: Arévalo, 8 de octubre de 2011

Nació don Ciriaco en el pequeño pueblo de Cabezón de la Sierra, en los frescos parajes de la Sierra de la Demanda, provincia de Burgos. Vino al mundo el 20 de abril de 1926. El ambiente religioso del pueblo y de su familia propiciaron su vocación sacerdotal salesiana, al igual que la de su hermano Ángel.

Cuando contaba 13 años, en octubre de 1939, Ciriaco comienza el aspirantado en Mohernando, pasando después a Carabanchel Alto; regresa a continuación a Mohernando, donde hace su profesión religiosa el 16 de agosto de 1944. La ordenación sacerdotal el 28 de junio de 1953, en Carabanchel Alto, corona su proceso de formación inicial.

En su larga vida salesiana desplegó su apostolado sacerdotal en las casas de Arévalo (1943-1949), Madrid-Atocha (1949-1966), Béjar (director de 1966 a 1972), Madrid-Estrecho (1972-1973), Madrid-San Fernando (1973-1980), Madrid-Paseo de Extremadura (1980-1997) y Soto del Real (Madrid) (1997-2011).

Gustó siempre de la labor salesiana educadora en el ambiente colegial. Preparaba con mimo sus clases y sobresalía por inculcar pulcritud, orden y exactitud, virtudes que él mismo ejercitaba con naturalidad.

Tras su jubilación como profesor, pasó sus últimos años como colaborador parroquial en la casa de Soto del Real. Destacó por su celo en ofrecerse para el ministerio de la reconciliación, la catequesis y preparación detallada de bautizos y bodas, el cuidado en la elaboración de homilías y predicaciones —escritos con su cuidada caligrafía—, el esmero, rigor y diligencia en el cuidado de los registros parroquiales.

Sin dar ya clase, nunca dejó de asistir al patio. Le gustaba estar en el recreo, hablaba con los chicos, le encantaba ver jugar a los alumnos y cómo los educadores y salesianos alternaban con ellos en las actividades deportivas o en momentos de amigable conversación. Quien se acercaba a don Ciriaco encontraba siempre una buena cara, una sonrisa amigable. La labor de atender la sacristía le permitió ofrecer también ese talante a mucha gente del pueblo.

Cuando sus fuerzas comenzaron a declinar, se hizo necesario llevarlo a la residencia Felipe Rinaldi de Arévalo, donde falleció a poco de haber comenzado el curso, el 8 de octubre de 2011. Tenía 85 años de edad.