Manzana Llena, Juan

Juan Manzana Llena

Coadjutor (1912-2010)

Nacimiento: Fonz (Huesca), 16 de octubre de 1912
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1943
Defunción: El Campello, 15 de enero de 2010

Don Juan Manzana nació el 16 de octubre de 1912 en Fonz (Huesca), villa ilustre de apenas 1.000 habitantes con numerosos palacios y casas solariegas. Juan, con 30 años cumplidos, ingresó en el noviciado salesiano de Sant Vicenç dels Horts, donde emitió su primera profesión el 16 de agosto de 1943.

Su primer destino fue la casa salesiana de Barcelona-Sarrià, en cuyos talleres trabajó intensamente durante tres años. En ese tiempo, vio pasar por Sarrià a misioneros salesianos que venían de la India. Entusiasmado por su labor, sintió encenderse la llama de su corazón misionero y desde Barcelona marchó a Madrás (India), donde estuvo desde 1948 a 1963.

En sus conversaciones recordaba su labor en las escuelas, la atención a las familias y a los enfermos, las leproserías… Y también la vida austera que llevaban los salesianos. Él dormía sobre una estera, como los chicos… Aunque de complexión fuerte, trabajador infatigable entregado al servicio de los pobres y exigente consigo mismo, se resintió en su salud y tuvo que volver a España.

A su regreso, trabajó en las casas de Barcelona-Sarrià, La Almunia de Doña Godina, Godelleta, Alcoy-Juan XXIII, Ibi, Alicante-María Auxiliadora y El Campello, donde falleció el 15 de enero de 2010.

Fue ante todo un salesiano fiel a su consagración religiosa, trabajador infatigable hasta sus últimos días, entregado a su oficio, tenaz en sus decisiones, austero, serio y exigente consigo mismo y con los demás.

Vivía la vida religiosa salesiana de una manera radical, de acuerdo con su conciencia. Fiel a la formación recibida en el noviciado y coherente con las Constituciones que él profesó, difícilmente admitía cambios. Su manera de reaccionar ante lo que a él le parecía desviado era con frecuencia desproporcionada y violenta. Pero todo lo hacía con el fin de que se viviera una vida auténticamente salesiana.

Muy piadoso y puntualísimo, no dejaba ningún día la misa ni los rezos tanto personales como comunitarios. En los sábados, las fiestas marianas y los días 24 se palpaba de forma particular su devoción a la Virgen. Era frecuente verle pasear, rosario en mano.

Fue un hábil escultor. Sus estatuas de María Auxiliadora, de Don Bosco y de Domingo Savio presiden los patios, jardines y rincones de muchas casas salesianas. Colaboró con su hermano Constantino en la famosa cruz de forja de Pamplona: «Una recargada cruz, forjada en un grueso hierro oscuro, con multitud de ornamentos y un dragón en la base, la cruz, que muestra cierta influencia del estilo de Gaudí. Fue creada originariamente para el claustro de la catedral de Pamplona… Allí estuvo desde el año 1932 hasta el 1945 cuando se trasladó a la actual ubicación dando nombre a esta plaza… Su autor: Celestino Manzana Llena, profesor de los salesianos en Pamplona en el año 1929» (Net).

Terminó su vida en la casa de El Campello. Aunque menudo de cuerpo, era de complexión fuerte y enemigo de los tratamientos médicos. Con sus propias medicinas y su sonrisa lo arreglaba todo. Pero el 3 de enero de 2010 fue llevado urgentemente al Hospital de San Juan (Alicante) donde le detectaron un derrame cerebral extenso. A los pocos días, con su rosario en la mano, descansó en la paz de Dios.