Hilario Pérez Rodríguez
Sacerdote (1928-2008)
Nacimiento: Algodonales (Cádiz), 11 de marzo de 1928
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1948
Ordenación sacerdotal: Málaga, 26 de junio de 2004
Defunción: Córdoba, 27 de noviembre de 2008
Nace en el pueblo blanco gaditano de Algodonales, el 11 de marzo de 1928, en el seno de una familia cristiana. Ese niño va a ser para Don Bosco, le decía el salesiano Luis Peña a su madre, la señora María. Y así fue. Ingresó en el aspirantado de Cádiz en 1942. Hizo el noviciado en Cádiz desde el 15 de agosto de 1947 hasta que emitió los primeros votos como coadjutor salesiano el 16 de agosto de 1948. Su deseo, desde niño, era ser sacerdote, pero por ahora no se verán cumplidos.
Como salesiano coadjutor aprende el oficio de sastre, que desempeña con gran habilidad y profesionalidad. Desaparecida esa especialidad, se dedicará a la enseñanza como maestro de primaria y asistente.
Los primeros años de su labor salesiana los pasa en los colegios de Cádiz y de Sevilla-Trinidad, donde trabaja como maestro de primaria y asistente. De allí es enviado a Santa Cruz de Tenerife entre niños pobres; Pedro Abad, donde estará con los aspirantes, Córdoba y Antequera, donde realizará una gran labor de catequesis en la pastoral parroquial de la parroquia de la cercana pedanía antequerana de Cartaojal, confiada a los salesianos.
El 10 de diciembre de 1983 será ordenado diácono y, tras unos años en Ronda y Málaga, es ordenado presbítero el 26 de junio de 2004 en Málaga. Tras más de 20 años de diácono, este fue el día más feliz de su vida.
Recién ordenado, es enviado como rector de la iglesia de María Auxiliadora de Granada (2004-2008). En 2008, se le destina a la comunidad para enfermos y ancianos de María Auxiliadora de Córdoba. A los pocos días se rompió la cadera a causa de una caída. Fue el inicio de una serie de contratiempos con su salud y de intervenciones quirúrgicas que no resolvieron sus problemas y que acabaron con su vida. Fallecía en Córdoba el 27 de noviembre de 2008, a los 80 años de edad.
Fue un salesiano sencillo y humilde. Su vida de entrega fue un testimonio de fidelidad y constancia. No tuvo facilidad para los estudios, pero cumplía cualquier servicio por humilde que fuera. Ser sacerdote, aunque fuera solo los últimos cuatro años de su vida, colmó las ilusiones de su buen corazón salesiano.