José Crispín Sáez Moreno
Sacerdote (1925-2000)
Nacimiento: Villamanrique de la Condesa (Sevilla), 8 de octubre de 1925
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1943
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 31 de mayo de 1952
Defunción: Sevilla, 10 de septiembre de 2000
Crispín, nombre de bautismo, nace en el pueblo sevillano de Villamanrique de la Condesa. Desde muy niño frecuenta la casa salesiana de la Santísima Trinidad de Sevilla, primero el oratorio y después las escuelas externas.
En plena Guerra Civil (1938), marcha al aspirantado de Montilla, en San José del Valle hace el noviciado, concluido el 16 de agosto de 1943 con la primera profesión religiosa, en la que antepone al nombre de pila, Crispín, el de José.
A continuación cursa los estudios de filosofía, el trienio en la casa de Fuentes de Andalucía, teología en Carabanchel Alto y en el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona recibe el sacerdocio (31 de mayo de 1952).
Durante su larga etapa de servicio sacerdotal será catequista, administrador, director y muy pronto, confesor. Estrena su sacerdocio como catequista en Cádiz, siguió como director de la casa de Morón de la Frontera (1955-1961), regresando un año a la casa de Cádiz, como catequista. En el aspirantado de La Palma del Condado pasa tres años como confesor y otros tres como administrador. En los dos años siguientes su campo de apostolado será la parroquia de San José del Valle, y durante tres, catequista del Hogar de San Fernando (Sevilla).
Vive en Utrera cuatro tranquilos años de profesor y asistente, para luego durante 20 no parar: en Huelva, administrador y responsable del centro Juvenil; por un trienio asume la dirección, primero de la casa de Carmona y luego de Campano. Su disponibilidad absoluta lo lleva de nuevo a Cádiz (1989-1994) como administrador de los aspirantes. Vuelve a Huelva, de coordinador de pastoral y confesor de la casa de La Palma del Condado hasta que la enfermedad fue eclipsando sus facultades.
Sus cualidades humanas de sencillez, bondad y comprensión tenían sus raíces en el ambiente familiar y adquieren calidad en su vida salesiana. Brillaba en él sobre todo la sencillez en la forma de vestir, en sus gestos y en su sonrisa. Todos lo calificaban de hombre bueno, sencillo, afable, que dejaba una estela de concordia y de paz por donde pasaba.
Fue un salesiano de piedad sencilla, carácter atrayente, cercanía a los jóvenes, serenidad y alegría, trabajo incansable. Sobresalía por su amor a María Auxiliadora, de la que hablaba con sencillez y confianza.
Tenía a gala el presentarse como sacerdote de los del Congreso Eucarístico de Barcelona y afirmaba que las mayores satisfacciones en su vida sacerdotal eran la celebración eucarística y la del ministerio de la reconciliación… sin límites. Por ello sufrió tanto cuando se le recomendó que no administrase más el sacramento del perdón, ante las evidentes manifestaciones de su enfermedad.
Por años padeció la enfermedad de Alzheimer que con cierta rapidez se fue apoderando de su persona, reduciendo su capacidad física hasta que hubo de ser trasladado a la casa de Sevilla-Pedro Ricaldone. Hospitalizado varias veces por diversas dolencias, la muerte le sorprendió en el Hospital de la Cruz Roja el 10 de septiembre de 2000. Estaba a punto de cumplir 75 años.