Bastarrica Celaya, José Luis

José Luis Bastarrica Celaya

Sacerdote (1914-1998)

Nacimiento: Azkoitia, 28 de agosto de 1914
Profesión religiosa: Mohernando, 12 de octubre de 1931
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 30 de mayo de 1942
Defunción: Logroño, 8 de abril de 1998

Era el mayor de sus hermanos y quedó huérfano de madre a los 7 años. A los 11, cuenta don José Luis:

«Hice algo que parecía un preaspirantado en Barakaldo, Béjar y de nuevo Barakaldo. Luego en Astudillo (Palencia). Eran tiempos de gran pobreza. Creo que vivíamos una continua Cuaresma. Los tres años siguientes los cursé en Madrid, en el colegio del Paseo de Extremadura».

Hizo el noviciado y filosofía en Mohernando (1930-1933), y el trienio en Madrid-Atocha y Paseo de Extremadura.

De las 430 páginas que abarca el volumen de sus Memorias, 178 se refieren, con gran lujo de detalles, a la situación que culmina en la Guerra Civil española. Pasó por la cárcel de San Antón, donde se torturaba y se realizaban las tristemente famosas sacas de prisioneros que eran después ejecutados. Su apostolado tuvo que reducirse a dar buen ejemplo en la dedicación a su trabajo como maestro, a su trato afable, afectuoso con todos.

Terminada la guerra, comenzó los estudios de teología en Carabanchel Alto, primer teologado nacional de la postguerra. Durante las vacaciones de verano de 1940, realizó el segundo curso de teología. El director don Battaini le daba las cuatro asignaturas fundamentales. Terminó en Carabanchel Alto los otros dos cursos y allí fue ordenado sacerdote el día 30 de mayo de 1942.

A partir del año 1942 cursó estudios de derecho canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca y al terminar en 1945 fue enviado como profesor-formador a Carabanchel, donde permaneció hasta 1965, ejerciendo diversos cargos como el de administrador y catequista. Estos años, según él, fueron los más fecundos de su vida. Era muy querido por los estudiantes de teología, que veían en él al hombre cercano y amigo, y al sacerdote celoso y entregado. Durante este tiempo predicó ejercicios espirituales y retiros, ejerció de capellán de salesianas y de otras religiosas. Estuvo de director espiritual en numerosos campamentos y fue siempre el confesor cualificado, sin regatear esfuerzo y sacrificio.

En 1965 fue nombrado director de los aspirantes coadjutores de Carabanchel. Más tarde fue por un año director de la Procura de Misiones y con este cargo terminó una época de su vida. Tenía 57 años. Atrás quedaban las actividades y los cargos, pero le esperaba todavía mucho trabajo. Dada su rica y madura experiencia y su sólida preparación intelectual, ejerció como director de almas, maestro de espiritualidad salesiana y escritor, que se tradujo en una abundante correspondencia epistolar y en trabajos de historia salesiana. Además de las obras publicadas, dejó miles de hojas manuscritas. Escribía porque le gustaba y porque era una forma de estar ocupado, ya que, como decía frecuentemente, «había sido educado en y para el trabajo y no podía estar inactivo». Fue uno de esos hombres interesados por estar siempre al día.

Don José Luis fue un hombre inquieto, de genio pronto y fácil perdón. Era un buen conversador. Sintonizaba, con suma facilidad, con todo tipo de personas. Poseía un gran don de gentes y, por encima de su excelente preparación intelectual, predominó en él su corazón. Amó profundamente a la Congregación a la que llamaba cariñosamente madre. De su pluma salieron las publicaciones históricas sobre las obras salesianas de Santander, Barakaldo, Deusto, Azkoitia y Pamplona, o sobre don Luis Chiandotto, don Enrique Saiz y mártires salesianos.

Su intensa vida de trabajo fue sostenida por una no menos intensa vida interior, con largos ratos de oración y la contemplación de Dios visto como Padre misericordioso. Fruto y consecuencia de ello fue una actitud de entrega y disponibilidad total a la voluntad de Dios y una devoción a María Auxiliadora a la que llamaba mamá, cuya presencia siempre la sintió cercana y cuya devoción inculcó a tiempo y a destiempo.