Morales Morales, Hiscio

Hiscio Morales Morales

Sacerdote (1906-1987)

Nacimiento: Cubo de Don Sancho (Salamanca), 14 de abril de 1906
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de octubre de 1930
Ordenación sacerdotal: Palencia, 23 de junio de 1942
Defunción: Martí-Codolar, 15 de septiembre de 1987

Don Hiscio nace en el Cubo de Don Sancho, provincia de Salamanca, el 14 de abril de 1906. Desde los primeros años de su vida conoce a Don Bosco gracias a un salesiano que recorría los pueblos castellanos en busca de posibles vocaciones. El testimonio de su familia nos lo describe como alegre y trabajador, con gran ascendiente entre los muchachos de su edad y aun mayores, a quienes predicaba, subido en un carro, en el amplio corral de su casa.

Ingresa en los salesianos a los 19 años. Su aspirantado y noviciado están marcados por los continuos cambios de sede. Inicia el aspirantado en Béjar, pasa después a Astudillo y lo termina en el Paseo de Extremadura. Empieza el noviciado en Carabanchel Alto y a mitad de año los novicios se trasladan a la nueva casa de Mohernando, donde profesa el 16 de octubre de 1930.

En Mohernando empieza sus estudios de filosofía, pero, con 25 años de edad y uno de filosofía, fue destinado al colegio de Salamanca para terminar dichos estudios y hacer el primero de trienio, que completó en Santander y Barakaldo, cumpliéndose de nuevo una de las características de su formación: el continuo traslado de comunidad.

Empieza los estudios de teología en La Crocetta, aunque reside en la casa madre, pues compartía responsabilidades en la edición española de la Juventud Misionera, por encargo directo de don Pedro Ricaldone, a quien le unía una gran amistad personal, amistad que le valdría, posteriormente, para salvar algunas dificultades canónicas, debidas a la Guerra Civil española, a la hora de su ordenación sacerdotal.

Guiado por su gran patriotismo, del que siempre hizo gala, interrumpe sus estudios de teología y regresa a España para participar, como voluntario, en la Guerra Civil. Esto supuso un parón en su ordenación sacerdotal, que tuvo que esperar cuatro años, hasta poder ordenarse el 23 de junio de 1942 en Palencia.

Trabaja en Santander, continuando en la misma casa como prefecto dos años más, pasando otros dos años en el colegio del Paseo de Extremadura como consejero y catequista.

En 1947 don José Luis Carreño, inspector entonces de la India, recorre la España salesiana reavivando en muchos jóvenes, y no tan jóvenes, la llama de la vocación misionera, entre otros en don Hiscio y marcha a la India.

Empieza su contacto con la realidad salesiana en aquella nación, al lado de don José Luis Carreño, en escuelas profesionales, dedicándose al aprendizaje del idioma. La mayor parte de su estancia, que durará 10 años, la pasa en las casas de formación, en el filosofado como confesor y en el noviciado de Yercaud, primero como catequista y posteriormente como confesor.

No le faltó su experiencia netamente misionera en Tirupattur. Otro campo de acción en esta época es la propaganda, dentro y fuera de la nación, en favor de las vocaciones, siendo compañero de campañas de don José Luis Carreño. Se encarga de las ediciones y propagación, entre otros, de los calendarios misioneros, y le vemos por España en 1952 continuando esta labor de propaganda.

Pero la salud acelera su regreso a España en 1958. Ya en la Casa Don Bosco de la calle Alcalá, en Madrid, le encargan atender a los numerosos salesianos españoles que van partiendo para las misiones, da nuevo vigor a la revista Juventud Misionera, logra adquirir unos chalés en la calle Eduardo Aunós como sede de la nueva procura de misiones, es nombrado director del secretariado de misiones de la Conferencia Nacional, así como representante de los religiosos en el Ministerio de Asuntos Exteriores… Esta labor contribuyó a dar un gran impulso al conocimiento de las misiones salesianas en la Iglesia y en la sociedad civil española.

La salud se resiente y es destinado a Carabanchel Alto, como confesor de los aspirantes coadjutores. A los tres años le encontramos en Alzuza, pueblecito cercano a Pamplona, en una residencia que don José Luis Carreño ha adquirido para el descanso de los misioneros. Muy mermado de salud, es destinado a la casa de Arévalo, donde permanece cinco años, y trasladado después a la residencia salesiana de Barcelona-Martí-Codolar, donde falleció el 15 de septiembre de 1987, a los 81 años de edad.

Sus restos mortales fueron llevados a Madrid, donde se celebraron los funerales, presididos por el señor inspector y con la asistencia de numerosos salesianos.

Don Hiscio hizo realidad lo que él mismo escribió: «Tira derecho por la vía de la santidad, que es lo único importante que tenemos en programa para esta vida. Un santo sacerdote lo puede todo. Una medianía o una nulidad en el mismo estado puede bien poco, o no puede nada… Uno ve el futuro, por negro que se presente, con una tranquilidad que nunca hubiera imaginado. Diría que me encuentro en tales disposiciones que lo mismo me da caer en una posición como en otra, con tal de salvaguardar lo esencial a nuestra vocación de seguidores de Cristo».