Solanes Bitrián, Félix

Félix Solanes Bitrián

Sacerdote (1899-1984)

Nacimiento: Huesca, 30 de enero de 1899
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 1 de agosto de 1917
Ordenación sacerdotal: Sarriá, 29 de mayo de 1926
Defunción: Martí-Codolar, 15 de marzo de 1984

Nació en Huesca el 30 de enero de 1899. Sus padres, Antonio y Catalina, eran campesinos de vida cristiana, sencilla y sólida. Apenas llegados los salesianos a la ciudad, Félix entró en contacto con ellos y decidió ser como ellos. A los 13 años inicia el aspirantado en El Campello y luego marcha a Carabanchel Alto para el noviciado, que corona con la primera profesión el 1 de agosto de 1917.

Ya salesiano, cursa sus estudios de filosofía en el mismo Carabanchel. El trienio práctico lo hace en Salamanca. Inició teología en Foglizzo y Turín-La Crocetta, aunque por motivos de salud debió volver a España y terminarla en Sarrià, culminándola con la ordenación sacerdotal el día 29 de mayo de 1926.

Su actividad sacerdotal se centrará en los aspirantados, como profesor y confesor: El Campello (1926-1931), Sant Vicenç dels Horts (1931-1952, con el paréntesis de la Guerra Civil) y Gerona (1952-1977).

Cuando el aspirantado se traslada a Mataró, es enviado a Sant Vicenç, donde, a pesar de sus achaques, convive con la comunidad mientras le es posible. Una lesión en la columna vertebral le mantiene inmovilizado durante bastante tiempo. A partir de abril de 1983 su salud empeora a causa de problemas circulatorios. Es llevado entonces a la residencia para enfermos de Martí-Codolar, donde fue atendido con toda solicitud. Problemas respiratorios fueron minando su salud hasta fallecer tras breve agonía, ante el médico que le atendía, el día 15 de marzo de 1984, a los 85 años de edad.

Don Félix fue un hombre de fe. Su objetivo fue siempre descubrir y seguir la voluntad de Dios, y eso le llevaba a buscar esta voluntad en la obediencia, en el diálogo con el superior y en la fiel observancia de las Constituciones.

Su fe se expresaba en la plegaria. Fue sumamente fiel a la celebración de la eucaristía, de la penitencia y de la Liturgia de las Horas. María Auxiliadora y Don Bosco fueron presencia cercana en su oración.

Generaciones y generaciones de aspirantes lo conocieron hábil, laborioso, trabajador, constante, solucionando problemas de electricidad, de aparatos técnicos de megafonía, arreglando las situaciones que se presentaban en el cada día de la casa. Mientras pudo, ya anciano, ayudó en trabajos de secretaría y en tantos detalles de la vida común. Y a pesar de sus dolencias, intentó siempre no ser gravoso para nadie. Cuando ya no pudo levantarse, seguía teniendo para todos —visitas, enfermeras, hermanos— una sonrisa y un saludo.

Don Félix fue un salesiano que transparentaba serenidad, paz y gozo profundos. En definitiva, vivió como un auténtico hijo de Don Bosco. En la sencillez de su vida, se descubría la profundidad de su fe y de su amor.