Antonio Vega Gómez
Sacerdote (1896-1981)
Nacimiento: Arcos de la Frontera, 5 de febrero de 1896
Profesión religiosa: San José del Valle, 21 de septiembre de 1914
Ordenación sacerdotal: Jaén, 20 de septiembre de 1930
Defunción: Sevilla, 22 de marzo de 1981
Nace en Arcos de la Frontera el 5 de febrero de 1896. A los 12 años ingresa en el internado de Montilla, que para él será al mismo tiempo aspirantado, mientras estudia humanidades (1908-1913). En agosto de este año comienza en San José del Valle el noviciado, que corona con la profesión temporal el 21 de septiembre de 1914, y prosigue, durante dos años, los cursos de filosofía. El trienio de prácticas pedagógicas se prolongará 15 años (1916-1930), en las casas de Córdoba, Cádiz, Utrera y Alcalá de Guadaíra. En las dos últimas compaginó la docencia con los estudios de teología. Se ordenó sacerdote en Jaén el 20 de septiembre de 1930.
Los 10 primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolla como consejero escolástico en los colegios de Alcalá y Málaga y como sacerdote-asistente en los de Córdoba y Cádiz, constituyendo la enseñanza de las matemáticas y la de música su dedicación favorita. Después de seis años en la parroquia de Santa María de Ronda, lo encontraremos en Alcalá de nuevo, en Morón de la Frontera y por fin, desde 1962 hasta su muerte, en Sevilla-Santísima Trinidad, siempre como profesor y confesor.
Podríamos decir que la acción apostólica de don Antonio se condensa en el confesionario. Cuando ya no podía prodigar la ayuda pedagógica y material a la comunidad en la medida de sus deseos, comentaba: «Mi aportación sacerdotal a la Congregación y a la Iglesia son las absoluciones que imparto y los misterios del rosario».
Conjugaba la pulcritud con la austeridad, que acrecía su talla y finura espiritual.
El afecto y entrega a la Congregación fue igualmente uno de los rasgos más sobresalientes de su perfil salesiano. El respeto, la deferencia y el afecto hacia los hermanos, máxime a los que encarnaban algún puesto de responsabilidad, eran en él un continuo gesto al que delicadamente amoldaba sus comportamientos y decisiones.
Pese a su recia fibra natural, una caída al salir de su habitación cuando bajaba a la oración comunitaria, lo postró en cama tres largos meses. Había comenzado la recuperación ilusionado, cuando un fulminante infarto de miocardio acabó con su vida, el 22 de marzo 1981, a la edad de 85 años.