Míguez Fernández, Francisco

Francisco Míguez Fernández

Sacerdote (1887-1936)

Nacimiento: Corvillón (Orense), 9 de febrero de 1887
Profesión religiosa: Sevilla, 7 de diciembre de 1907
Ordenación sacerdotal: Espartinas (Sevilla), 24 de agosto de 1916
Defunción: Málaga, 15 de agosto de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007

Nació el 9 de febrero de 1887 en Corvillón (Orense). Sus padres, agricultores, bautizaron a su hijo al día siguiente de su nacimiento.

Tras dos años de estudios de latín en el seminario de Orense, el sacerdote Dionisio Ferro lo invita a ser salesiano e ingresa el 2 de noviembre de 1905 en el aspirantado Sevilla, donde al curso siguiente hace el noviciado, concluido con la profesión temporal el 7 de diciembre de 1907. Ahí mismo, durante el quinquenio 1907-1913, estudia filosofía y realiza el trienio de prácticas pedagógicas, para, a continuación, iniciar el curso 1913-1914 en el teologado nacional de El Campello (Alicante), estudios teológicos que concluye en Sevilla. Es ordenado el 24 de agosto de 1916 en el santuario franciscano de la Virgen de Loreto de Espartinas (Sevilla).

Continúa en Sevilla por un bienio como consejero y encargado del oratorio festivo y prosigue en Écija por otro bienio (119-1921) como catequista. Y desde 1921 permanece en Málaga: dos años como jefe de estudios y encargado del oratorio festivo, uno de catequista y, a partir de 1924, como confesor y encargado de las escuelas externas y el oratorio festivo.

Iniciada la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, la comunidad de Málaga pudo seguir su horario hasta el día 22, atendiendo a 40 huérfanos que no habían sido retirados por sus familiares. A las 5.45 horas comienzan los tiroteos, asaltan el colegio, lo saquean y los salesianos son conducidos como prisioneros al calabozo del cercano cuartel de capuchinos entre amenazas y empujones del gentío y con intentos de fusilamiento.

Una vez conducidos al Gobierno Civil y reconocida su inocencia, son enviados a la prisión provincial, en la que se encontraban numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas.

El 23 a mediodía, el gobernador ordena que los hombres del seminario y de San Bartolomé sean liberados poco a poco. Francisco Míguez, junto a Manuel Fernández, logra huir y escabullirse entre la gente que los espera fuera para fusilarlos. Consigue un salvoconducto y logra acogerse en el hotel «Imperio», cuyo propietario Francisco Cabello, ferviente católico, fue más tarde fusilado por haber hospedado a sacerdotes y religiosos.

El 15 de agosto, una patrulla se personó en el hotel preguntando por Francisco y este se presentó tranquilo. La misma tarde lo fusilaron en el Camino de Suárez y, como seguía aún con vida, rodearon su cuerpo de chumberas secas y hojarascas, prendiéndole fuego mientras algunos lo hacían objeto de horribles profanaciones. La mañana siguiente la noticia que corría entre los corrillos de los milicianos era:

«El fiambre de hoy es don Francisco Míguez». Los que lo lamentaban decían: «Han matado al padre de los pobres».

Sus restos se los llevaron al cementerio de San Rafael. Hoy reposan en la catedral de Málaga junto a los demás mártires.

Don Francisco Míguez era un religioso bueno y observante. Dejó una estupenda fama en toda Málaga por su trabajo y su celo en favor de los niños, especialmente los más pobres. Trabajador incansable, organizó un oratorio festivo modélico. La actual asociación juvenil salesiana de niños y jóvenes, deseando perpetuar su memoria, lleva el nombre de «Francisco Míguez».