Juan Costas Costas
Coadjutor (1861-1935)
Nacimiento: Bouzas (Pontevedra), 24 de marzo de 1861
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 29 de julio de 1914
Defunción: Vigo, 22 de marzo de 1935
Juan Costas ingresó en la Congregación en el año 1914, a los 53 años de edad. Nació de unos padres muy cristianos, en el pueblo marinero de Bouzas, hoy anexionado al Ayuntamiento de Vigo.
Como muchos de sus paisanos, Juan emigró a América y pasó varios años en la ciudad de Buenos Aires (Argentina), donde supo ganarse la vida y ahorrar unos dineros que, vuelto al pueblo, invirtió en la educación cristiana de dos sobrinos. Cuando se decidió a entrar en el colegio de San Matías para hacerse salesiano, su patrón dio este informe sobre él: «Verdadero hombre de bien, modesto, trabajador; de tales condiciones, que ellas lo recomiendan para cualquier cargo o empleo».
Por su parte, las testimoniales del señor obispo, para el ingreso en el noviciado, señalan estas extraordinarias cualidades: «Hombre de costumbres inmaculadas; se confiesa cada semana y se acerca a la sagrada mesa todos los días. Modelo de educación y de virtud».
Hizo el noviciado en Carabanchel Alto durante el curso 1913-1914.
En los años 1915-1918, formó parte del personal de la casa de la calle Viñas, en Santander. En el verano de 1918 fue a hacer los ejercicios espirituales a la casa de Vigo-San Matías y, al final de ellos, recibió obediencia para quedarse definitivamente allí hasta el año 1935, en que rindió viaje al cielo. En la crónica de la casa de San Matías se dice lacónicamente: «El día 22 de marzo de 1935, fallece santamente, como había vivido, nuestro querido hermano en religión don Juan Costas. El día 23, después de un solemne funeral en la capilla interna del colegio, fue enterrado con bastante concurrencia».
Su bondad le hizo ser querido de todos: alumnos, hermanos, superiores. Amó la vida oculta, buscando siempre las ocupaciones más humildes, desempeñadas con sencillez y diligencia, que hacen admirar la belleza de un alma toda de Dios. Persuadido de que su edad y los años vividos en la Congregación exigían de él una paciencia especial en soportar los dolores de la penosa enfermedad, los soportó con verdadera fortaleza de espíritu.