Asensio Albizuri Sudupe
Coadjutor (1885-1967)
Nacimiento: Loyola-Azpeitia, 27 de septiembre de 1885
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 17 de octubre de 1906
Defunción: Errenteria (Guipúzcoa), 7 de abril de 1967
El Sr. Bisuri, como cariñosamente se le llamaba, sintió la llamada de Dios a los
14 años y, sin saber nada del idioma castellano, marchó a Villaverde de Pontones (Cantabria), entonces casa de formación. Pasó después a Santander para preparar su ingreso al noviciado. Emitió los votos el día 17 de octubre de 1906 e inició su actividad salesiana en la casa que existía a la sazón en Vitoria-Gasteiz.
Al año siguiente pasó a Barakaldo, donde permaneció cinco años, desarrollando diversas actividades, en especial la de portero de la casa. Luego ejerció su actividad salesiana en Sarrià, Santander, Paseo de Extremadura, Salamanca y Errenteria, su tierra natal, adonde llegó en 1963 y donde murió el 7 de abril de 1967, a los 81 años de edad.
«El Sr. Albizuri fue para todos un ejemplo viviente de piedad, trabajo, sencillez y alegría». Como buen religioso, cumplía escrupulosamente las santas Reglas sin concederse la menor excepción. Su rostro, siempre alegre y optimista, hablaba a las claras de la pureza de su alma; pureza conquistada a base de renuncias y mortificaciones, como él mismo declaró públicamente, con la sencillez que le caracterizaba, sin arrogancia ni ostentación.
En lo que más destacó fue en el cuidado de los enfermos, cargo que cumplía a la perfección. Los antiguos alumnos de Santander, Salamanca y Madrid le recordaban con cariño y profunda gratitud por su espíritu sacrificado y heroico, haciendo de auténtica madre para con los pequeños internos y de hermano de la caridad para con todos. «¡Cuántas veces durmió en un colchón sobre el duro suelo junto a la cama de un enfermo! Para él la jornada laboral no tenía horas, ya que en cualquier momento estaba dispuesto a prodigar sus cuidados a quien los necesitara».
Alimentó una profunda piedad, como todos los veteranos coadjutores formados en la escuela de aquellos primeros salesianos que conocieron a Don Bosco. ¡Cuánto le costó someterse a la vida tranquila y de reposo a que le obligaba en sus últimos años su corazón cansado! Pero jamás estuvo ocioso. El rosario giraba una y otra vez por sus huesudos dedos, ayudaba a todas las misas que se le ofrecían y velaba largos ratos ante el sagrario. Leía valiéndose de una lupa, ya que su cansada vista no le ayudaba.
El Señor quiso proteger su profunda humildad al llevárselo consigo precisamente cuando se le preparaba un público homenaje con ocasión de las Bodas de Diamante de su primera profesión religiosa. Se habían dado los pasos correspondientes para que se le concediera la Medalla de Oro al Trabajo, pero el Señor se adelantó y quiso concederle Él mismo otro galardón incomparablemente más valioso en el cielo.
Su fibra robusta se doblegó sin ansiedades, sin inquietudes, con la placidez del justo. Falleció en Errenteria el día 7 de abril de 1967, a los 81 años de edad.