Alcalde García, José Antonio

José Antonio Alcalde García

Coadjutor (1939-1967)

Nacimiento: Ventosa de Pisuerga (Palencia), 21 de noviembre de 1939
Profesión religiosa: Astudillo, 16 de agosto de 1958
Defunción: Medina del Campo, 18 de noviembre de 1967

Muy escondida y sigilosa pasó la muerte la noche del día 17 al 18 de noviembre de 1967 por aquellos aledaños de las salinas de Medina del Campo, llevando consigo al querido coadjutor salesiano José Antonio Alcalde, mientras dormía plácidamente. Ejercía de cocinero en el seminario salesiano para estudiantes de filosofía. Era muy querido. La plácida muerte le sobrevino por intoxicación de monóxido de carbono, emanado desde un registro de la chimenea de la calefacción. Una muerte serena, sin un rictus aparente siquiera de agonía, como se pudo comprobar, al descubrirlo en postura apacible y sosegada en su lecho de muerte.

Había nacido José Antonio el día 21 de noviembre de 1939 en Ventosa de Pisuerga (Palencia), un pueblecito en la carretera Madrid-Santander, donde su padre tenía un taller artesanal de carpintería, el clásico carretero de los pueblos de Castilla, dedicados a la agricultura.

Del ambiente muy cristiano de la familia, brotaron dos vocaciones a la vida salesiana: la suya y la de Fermín, su hermano menor, coadjutor también.

Su currículum vítae fue muy sencillo, como lo era él. Hizo su aspirantado en las casas de Astudillo y Arévalo, de 1953 a 1957. Volvió a Astudillo para hacer el noviciado y prepararse para la profesión religiosa que hizo, como salesiano coadjutor, el 16 de agosto de 1958.

Transcurrió toda su vida consagrada a las casas de formación: Astudillo, Medina del Campo, en dos etapas, y Allariz, desarrollando en todas ellas un apostolado oratoriano de servicio a los hermanos, además del sacrificado y generoso trabajo de la cocina.

Era algo despistado y un tanto atrevido en su manera de ser, espontánea y extrovertida. Pero sabía salir del paso con alegría y gracia. Tenía la sencillez del niño, la generosidad de la persona madura y la vivencia gozosa de su vocación salesiana.

Destacó por su bondad atractiva, por su trabajo sacrificado, por su jovialidad y capacidad artística para hacer felices a los muchachos y a los estudiantes en el teatro y sobremesas, por su espíritu de servicio y por su fervor espiritual y vocacional.