Miguel Aragón Ramírez
Sacerdote (1927-2021)
Nacimiento: Benaocaz (Cádiz), 4 de diciembre de 1927
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Madrid-Carabanchel, 28 de junio de 1953
Defunción: Córdoba, 9 de abril de 2021
Don Miguel nació en Benaocaz (Cádiz), el 4 de diciembre de 1927. Hizo el Noviciado en San José del Valle (Cádiz), donde profesó el 16 de agosto de 1944. Allí mismo estudió el primer año de filosofía (1944-45). El segundo lo hizo en Utrera Consolación (1945-46), donde realizó también su tirocinio práctico (1946-49). Después del tirocinio estudió la teología en Madrid-Carabanchel (1949-53), donde hizo la profesión perpetua en 1950 y fue ordenado presbítero el 28 de junio de 1953. El curso siguiente fue enviado a Turín-Rebaudengo, de donde regresó doctor en Pedagogía y Licenciado en Filosofía en 1956.
Desde entonces, su labor pastoral la ha venido desarrollando en Utrera-Consolación (1956-58), San José del Valle (1958-59), Ronda (1959-64 y 1997-2002), La Orotava (1964-67), Granada (1967-72 y 1988-97), Córdoba-San Rafael (1972-82), Córdoba-San Francisco de Sales (1982-88 y 2002-09), Málaga (2009-2012) y nuevamente en Córdoba desde 2013 hasta el día de su fallecimiento. Fue consejero inspectorial de 1967 a 1988 y director de las casas donde estuvo de 1964 a 2002.
Creyó firmemente en la misión de los laicos en la Iglesia y se dedicó apasionadamente a impulsar el desarrollo de la Familia Salesiana, sobre todo de los salesianos cooperadores.
Fue gran propagador y potenciador del movimiento de los Hogares Don Bosco.
Lo recordamos como salesiano trabajador incansable que animaba a trabajar; alegre, cariñoso; con un amor inmenso e intenso a María Auxiliadora a la que dedicó la mayor parte de sus muchas obras escritas, la última de las cuales se ha quedado sin terminar…
Inolvidable será también la publicación mensual “El Patio” que hacía llegar a sus hermanos de inspectoría, puntualmente, el primer día de cada mes.
Que el Señor Resucitado reciba a nuestro hermano Miguel en su Reino, entre todos aquellos que han entregado su vida a la misión salesiana, y que María Auxiliadora, a la que tanto amó, lo acoja con el cariño de Buena Madre del cielo.