Isidoro Aranda Sanz
Coadjutor (1909-2008)
Nacimiento: Hita (Guadalajara), 2 de enero de 1909
Profesión religiosa: Mohernando, 23 de julio de 1936
Defunción: Arévalo, 22 de mayo de 2008
Isidoro Aranda nació el 2 de enero de 1909 en el pueblo alcarreño de Hita, de famosa y antigua tradición literaria, en el seno de una familia de profunda fe cristiana. Sus padres fueron Felipe Aranda y Castora Sanz. Tuvieron cinco hijos, de los cuales dos fueron coadjutores salesianos, Isidoro y Juan.
Habiendo fallecido su padre tempranamente, los años de su infancia y juventud discurrieron en las labores propias del campo. La vocación religiosa de Isidoro se avivó a los 26 años, cuando un sacerdote vecino del pueblo lo dirigió a los salesianos del cercano pueblo de Mohernando.
Con clara vocación misionera, comenzó el noviciado el 14 de julio de 1935 y se hizo salesiano el 23 de julio de 1936. A las pocas horas de la profesión, la casa fue asaltada por los milicianos y los salesianos fueron dispersados. Isidoro vagó por los campos aledaños y fue preso. Sufrió cárcel durante nueve meses. Finalmente, por evitar dificultades a su familia, decidió incorporarse en el ejército republicano en la Cruz Roja y en la Compañía de Carreteras.
Tras la guerra, fue destinado a la casa de Carabanchel y a los dos años fue aceptada su petición de marchar a las misiones. Con su hermano Juan, pasaron un tiempo de preparación en las casas portuguesas de Poiares de Regua y Évora, y a principios de enero de 1948 partieron para Timor, donde llegaron el día 24, circunstancia que interpretó como un regalo de María Auxiliadora.
Gracias a la labor de los dos hermanos, pudo reconstruirse la misión, gravemente deteriorada por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Además de los trabajos materiales, con instrumentos en gran parte elaborados por Isidoro con los restos de los tanques y armas abandonados por el ejército, llevó a cabo una gran labor evangelizadora recorriendo en bicicleta los poblados de la misión de Fuiloro.
Cumplidos los 60 años, se incorporó a la inspectoría de origen. Fue enviado a Mohernando, donde continuó con su vida de siempre: intenso e incansable trabajador, sencillo y de trato amable y sincero, de profunda oración, de entrega filial a María Auxiliadora con las cuentas pasadas de su rosario desgastado, afecto a la familia y a quienes entraban en contacto con él.
A finales de 2006 fue trasladado a la casa de enfermos de Arévalo, donde falleció el 22 de mayo de 2008. A petición de sus familiares y de algunos salesianos, escribió sus memorias, en las que describe infinidad de anécdotas y detalles que si, por un lado, nos revelan su vida salesiana, su intensa espiritualidad e ilusionada vocación misionera, por otro, nos ofrecen datos muy interesantes para la historia salesiana en los variados contextos en los que trabajó.