Arín Salsamendi, Germán

Germán Arín Salsamendi

Coadjutor (1912-1998)

Nacimiento: Orio (Guipúzcoa), 2 de abril de 1912
Profesión religiosa: Gerona, 31 de enero de 1935
Defunción: Barcelona, 19 de octubre de 1998

Nació en una familia de larga tradición industrial, por lo que, con el fin de que pudiera incorporarse a la empresa familiar, los padres le enviaron con 16 años cumplidos a la escuela salesiana de Sarrià, en Barcelona, para cursar los estudios de ebanistería.

En 1918 dijo que Dios le llamaba y deseaba quedarse con los salesianos para ser uno de ellos. No fue una decisión fácil: «Recordaré durante toda la vida cuánto lloré al salir de Orio, y que salí únicamente por Dios».

Después de profesar, fue al instituto Rebaudengo de Turín, para perfeccionar, a lo largo de tres años, sus conocimientos técnicos.

Volvió a España durante el período de la Guerra Civil y fue destinado a la zona de Andalucía, donde colaboró en la reconstrucción y puesta en marcha de varias de las escuelas salesianas arrasadas en los años anteriores. Finalmente, al comienzo del curso 1939-1940, llegó a Pamplona como maestro del taller de carpintería-ebanistería. Desempeñó allí esta tarea durante 27 años, asumiendo distintos cargos de responsabilidad. Junto a su cualificación profesional destacó su calidad docente impartiendo clases de dibujo.

El sentido educativo salesiano lo puso de manifiesto en la asistencia al dormitorio durante 22 años, así como en la faceta cultural del teatro: los domingos y días festivos participaba con los alumnos en los ratos de distensión y se encargaba de proyectar el cine.

Con los antiguos alumnos, de los que fue consiliario durante cuatro años, puso en marcha el Club de Montaña Boscos, que le hizo ganarse una bien merecida fama de andarín. Animó las actividades deportivas del colegio, tomando parte en su organización y desarrollo.

Fue cronista de la casa desde el año 1969 hasta 1996, y encargado de seleccionar y archivar el material fotográfico existente durante todo ese tiempo, que da cumplida cuenta de todos los acontecimientos ocurridos.

Los que conocieron a don Germán coinciden en destacar su natural bondad a la hora de acoger y tratar a todos, como fruto cultivado durante años de trabajo, de ascesis personal y de oración. Don Germán pertenece a esa generación de salesianos hondamente arraigados en la devoción mariana, de la que fue un gran propagador, con todos los medios a su alcance. El rezo diario del rosario, que desgranaba bien en castellano, en euskera o en italiano, y las jaculatorias constantes que acompañaban los momentos más cotidianos de su vida, fueron el aceite necesario para que la llama vocacional no se apagase.

Destacó además por su laboriosidad incansable, no exenta de rigor y profesionalidad. En su dilatada vida como educador, cuidó todo lo referente a la didáctica de la enseñanza. Editó no menos de 10 opúsculos sobre dibujo, caligrafía industrial y otros más específicos de su especialidad.