Pedro de Arriba Sánchez
Sacerdote (1924-2001)
Nacimiento: Los Santos (Salamanca), 4 de septiembre de 1924
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 31 de mayo de 1952
Defunción: Sevilla, 18 de diciembre de 2001
Pedro nace en el pueblecito salmantino de Los Santos, de una familia numerosa y cristiana. Entusiasmado por Don Bosco, adolescente se marcha al aspirantado de Montilla, donde descuella por su afición a la música, al teatro y el aprecio por el orden y seriedad en los estudios. En San José del Valle hace el noviciado, que concluye con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1942, y a continuación los estudios de filosofía. El trienio lo pasa en Alcalá de Guadaíra y culmina su formación inicial con los estudios teológicos en Carabanchel Alto. Recibe la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1952 en el Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona.
Ejerce los primeros años su ministerio sacerdotal como consejero escolástico y catequista, en Carmona, Alcalá de Guadaíra y Rota. Transcurre la década 1958-1968 en Sevilla-Triana, unos años de intensa actividad pastoral con los alumnos pequeños, con los jóvenes del círculo Domingo Savio y los antiguos alumnos. De sexenio en sexenio va de la casa de Campano a Cádiz y luego a Utrera. Tras dos años de administrador en La Línea de la Concepción, vuelve definitivamente a Utrera, para poder gozar de mayor descanso y estar más cercano a los doctores que lo habrán seguido en los últimos años.
Comienzan los tratamientos de diálisis peritoneal. Pedro sufrió su enfermedad calladamente, con una aparente tristeza. A partir de septiembre de 2000, comienzan sus muchos trastornos internos, con los consiguientes ingresos en el Hospital La Macarena de Sevilla. Por esto, dos meses antes de su muerte, se vio necesario su traslado a la casa de enfermos Pedro Ricaldone de Sevilla, donde lo atendieron con esmero. Tras un mes hospitalizado, dejaba de padecer el 18 de diciembre de 2001. Se marchó en la vigilia de la celebración de sus Bodas de Oro sacerdotales.
Dedicó toda su vida salesiana a trabajar con adolescentes. Fue un buen profesor, con metodología a la vez atractiva y exigente. Cultivó todos los recursos que hacían de la enseñanza una escuela a tiempo pleno. Preocupado, ante todo, de la formación religiosa y catequética, dio mucha importancia a la música, organizó la escolanía de pequeños cantores, se dedicó con entusiasmo al teatro, al deporte y demás actividades culturales y formativas.
Aun siendo de pocas palabras, con su carácter amable y cercano se granjeaba la amistad de chicos y mayores. También atendía con solicitud la pastoral sacramental de los colegios femeninos de las Hijas de María Auxiliadora y de la Sagrada Familia.