Manuel Astiz Rodríguez
Sacerdote (1920-1977)
Nacimiento: Noveleta (Navarra), 17 de junio de 1920
Profesión religiosa: San José del Valle, 4 de septiembre de 1938
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 24 de junio de 1951
Defunción: Zaragoza, 27 de diciembre de 1977
«¿Quién fue don Manuel? Una vida sencilla». Así lo quisieron definir sus hermanos salesianos de Zaragoza, a la hora de escribir su reseña necrológica.
Don Manuel Astiz nació el 17 de junio de 1920 en Noveleta, un humilde pueblo navarro, casi un barrio de la vecina Estella.
Allí, a los pies del mítico Montejurra y al calor de una familia hondamente cristiana, brotó su vocación salesiana y misionera. A los 12 años, deja su Navarra natal y marcha ilusionado al aspirantado de Astudillo donde se forjaban los futuros misioneros salesianos.
Se reforzará su vocación cuando salte hasta San José del Valle para hacer el noviciado, donde emite su primera profesión el 4 de septiembre de 1938. Después de dos años de estudios filosóficos, comienza su largo tirocinio práctico de cinco años en Valencia-San Antonio, Barcelona-Sarrià y Mataró. En 1945 comienza teología en Madrid, estudios que termina en Barcelona, donde es ordenado sacerdote el 24 de junio de 1951.
Pero mientras estudia teología, el Señor le visita con la cruz de la enfermedad. Se le extirpa un pulmón y se diría que, a partir de ahí, la preocupación por su salud va a convertirse en una obsesión que condicionará su vida salesiana.
Y con la preocupación de su cruz y su natural complejidad, va el bueno de don Manuel recorriendo las casas del Tibidabo, Pamplona, Huesca y Villena, en las que despliega una callada labor de confesor y profesor.
Pero un día la obediencia le envía a Sádaba. Y allí, pasa con los aspirantes 10 años felices de vida sencilla, cargada de bondad, trabajo y religiosidad.
Al hombre que nunca hizo daño a nadie le aguardaba la última obediencia: Zaragoza. Y en Zaragoza pasa sus siete últimos años de trabajo, de pobreza, sencillez y angustias por su salud, antes de partir para la casa del Padre.
Inesperadamente, en la tarde del 27 de diciembre de 1977, los hermanos lo encontraron cadáver a la puerta de su habitación. Don Manuel se nos había marchado como había vivido: sencilla y calladamente, sin molestar y sin hacer ruido, a los 57 años de edad.
Fue una persona que nunca hizo mal a nadie, hombre de pocas palabras y no dado a manifestaciones que exteriorizaran sus sentimientos o su vida interior. Por eso conmovió a la comunidad encontrar en su habitación, pobre y austera, junto a lo más indispensable, una libretita con sus más íntimos pensamientos: «Ayúdame, Jesús. Hoy todo por ti, Jesús. Solo en Ti encuentro la paz y felicidad que deseo. Jesús, yo deseo de corazón ser todo tuyo. Ayúdame».
¡Sencillo testamento de una vida humilde, que resolvía sus angustias en callado diálogo con Jesús! Sus restos fueron llevados al panteón familiar de su pueblo y posteriormente trasladados al panteón salesiano de Zaragoza.