Juan Auledas i Coll
Coadjutor (1925-2017)
Nacimiento: Arbúcies (Gerona), 22 de octubre de 1925
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts (Barcelona), 16 de agosto de 1946
Defunción: Barcelona-Martí-Codolar, 1 de junio de 2017
Juan Auledas nació en Arbúcies (Gerona) el 22 de octubre de 1925. Sus padres, Alfonso y Joaquina, crearon un sencillo marco familiar de auténticas virtudes cristianas y una sólida piedad que, unidas al trabajo de cada día, favoreció el nacimiento de la vocación religiosa de Juan.
A sus casi 20 años, el 15 de agosto de 1945, empezó en Sant Vicenç dels Horts su formación salesiana como novicio coadjutor, y culminó su año de noviciado con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1946.
Ya salesiano, desde el primer momento se entregó generosamente al servicio de la cocina en las siguientes casas: colegio salesiano de Pamplona (1946-1951), aspirantado de Gerona (1951-1952), estudiantado filosófico de Sant Vicenç dels Horts (1952-1964), seminario salesiano (noviciado y filosofado) de Sentmenat (1964-1969).
Desde el año 1969 hasta su muerte estuvo en la comunidad salesiana del Tibidabo atendiendo con total generosidad y dedicación a cuantas personas se acercaban a visitar el templo del Sagrado Corazón de Jesús. Era el alma de la adoración perpetua en la capilla del Santísimo. ¡A cuántos turnos sustituía, de día y de noche, o se quedaba rezando si era preciso!
El señor Juan Auledas era una persona sumamente fiel y cumplidora, trabajador, piadoso. Sus largos años en la cocina, en épocas de dificultad y en condiciones nada fáciles, atendiendo a los numerosos aspirantes y estudiantes salesianos en las diferentes obras donde estuvo, nos hablan a las claras de su servicio abnegado, de una entrega total. La cocina se convertía cada día en un santuario del trabajo, sacrificado y callado, llevado adelante por el amor silencioso a los hermanos (más de 100 o 200 de Gerona, Martí-Codolar o Sentmenat…), en constante unión con Dios. Allí practicaba el señor Auledas su «ora et labora», con todo su realismo y autenticidad.
El último destino de su vida fue la comunidad del Tibidabo como encargado de la sacristía. Era una persona todo terreno: atendía en la recepción, hacía los recados que se ofrecían, acompañaba a los adoradores del templo, adornaba los altares y ponía a punto todo el ajuar litúrgico. Fue una persona disponible, de fe probada, un rezador y adorador nato, exigente, austero, cumplidor y amable.
La enfermedad, un cáncer, obligó a ingresarlo en la residencia Nuestra Señora de la Merced de Martí-Codolar. Dicen que pidió y logró que le cambiaran su habitación a un piso más alto, para poder ver desde ella su templo del Tibidabo. Se le veía con frecuencia en la capilla de la residencia, rezando ante el sagrario: «No es el sagrario del Tibidabo —decía— pero aquí también está el Señor».
Falleció en Martí-Codolar el 1 de junio de 2017, a los 91 años de edad.