Blázquez Solignac, Luis

Luis Blázquez Solignac

Sacerdote (1905-1980)

Nacimiento: Alcalá de Henares, 7 de abril de 1905
Profesión religiosa: Sarrià, 17 de julio de 1924
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 21 de mayo de 1933
Defunción: El Campello, 16 de noviembre de 1980

He aquí un hombre singular, un salesiano de cuerpo entero, que entregó generosamente su vida en mil servicios, buscando siempre ayudar a quien se lo requiriese y a resolver problemas de toda índole. Un salesiano magnánimo y resolutivo.

Su condición de hijo de Guardia Civil le hizo nacer en Alcalá de Henares (Madrid) el 7 de abril de 1905, pero la familia pronto se trasladó a Barcelona. Y allí conoció a los salesianos del colegio San José de Rocafort. Su padre, don Melitón, maestro de cornetas de la Guardia Civil, dirigía también la banda de trompetas y tambores del colegio. Luis, de finísimo oído, era el primer corneta.

A los 13 años, marchó como aspirante a El Campello. Y en seguida se distinguió por su espíritu servicial y por su afición a las labores de la granja. Antes de acabar el aspirantado en El Campello, su padre se retiraba de la Guardia Civil y la familia se instalaba en la vecina población de San Juan (Alicante).

«Así empezamos todos los aspirantes a conocer a su padre —afirma don Basilio Bustillo—, que acudía frecuentemente a nuestras fiestas y a enseñarnos a sonar la corneta a los que formábamos la banda. Allí conocimos a su madre, doña Luisa, la futura «mamá de los aspirantes» de El Campello, la suave, la hacendosa, la religiosísima señora, que más tarde, ya viuda y con los hijos colocados, quiso retirarse a nuestro seminario de El Campello para repetir el papel de mamá Margarita. De casta le venía a don Luis Blázquez su condición de servicio al salesianismo. Y siguen haciendo honor a este blasón familiar los tres hijos de su hermana Angelita, don Benigno, don Carlos y don Pablo Castejón, salesianos».

En 1923 inició el noviciado en Barcelona-Sarrià y profesó el 17 de julio de 1924. Allí mismo cursó los estudios de filosofía, seguidos del trienio en Gerona y Huesca. Pronto empezaron sus problemas de estómago, que con los años le llevarían a innumerables hospitales y clínicas. En El Campello comenzó la teología, que concluyó en Carabanchel, y en Madrid se ordenó sacerdote el 21 de mayo de 1933.

Marchó a Pamplona como administrador en los tiempos complicados de la postguerra. Gitano de Dios, como muchos le llamaron, realizó verdaderos milagros para lograr los alimentos que escaseaban y proveer a los talleres de máquinas y materiales. De Pamplona a Barcelona-Horta (administrador y director). Intervenciones quirúrgicas graves le pusieron al borde de la tumba. Y en 1948 de nuevo, esta vez de director, a Pamplona, donde le correspondió iniciar el importante convenio que posteriormente se firmó con la Diputación Foral de Navarra. Y vuelve a nacer, como él mismo reconoce, después de la quinta operación en sus rebeldes intestinos, de la que salió sano milagrosamente.

Pero le aguardaban nuevas pruebas. La finca de El Campello no produce. Y allí va don Luis Blázquez para sacarla a flote. Después de un breve descanso en la parroquia San Juan Bosco de Barcelona, como director, le esperaba Madrid (1957-1967), donde, en unos momentos cruciales para la enseñanza, irá ocupando cargos importantes, como Consejero Nacional de Educación, inspector central del Secretariado Nacional de Formación Profesional de la Iglesia y administrador de la FERE. Fueron años prolíficos en la defensa de los intereses de la Iglesia y de la Congregación en el mundo de la educación.

Le esperaban todavía ocho años como ecónomo inspectorial de Valencia. Hasta que un día sonó en sus oídos el toque de queda. Era el día 22 de octubre de 1975. Una trombosis cerebral interrumpía bruscamente su intensa vida de servicio. Había llegado la hora del verdadero descanso en su casa de El Campello, a la sombra del recuerdo de mamá Luisa, junto al monumento erigido en recuerdo de su madre, a la sombra de los pinos que plantaron sus manos. Sus últimos meses fueron un verdadero calvario sobre una silla de ruedas.

El día 16 de noviembre de 1980 don Luis Blázquez se dormía a la voz del Señor que le llamaba: «Bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor». Tenía 75 años de edad. Sus restos mortales descansan en el panteón salesiano de El Campello.