José Manuel del Bosque Piñeiro
Sacerdote (1923-2022)
Nacimiento: Béjar (Salamanca), 12 de marzo de 1923
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Madrid, 24 de junio de 1951
Defunción: Arévalo (Ávila), 27 de julio de 2022
Don José Manuel del Bosque había nacido en Béjar, el 12 de marzo de 1923, en el seno de una familia cristiana y numerosa, formada por Gumersindo y Remigia, de profundas raíces cristianas y espíritu salesiano (durante años, los salesianos recordaban la presencia puntual del padre en la oración matutina de la comunidad salesiana). Béjar ha sido una casa en la que han surgido abundantes vocaciones salesianas. La familia Del Bosque ofreció tres hijos a la Congregación: Domingo y José Manuel, sacerdotes; y Vicente, coadjutor.
El espíritu salesiano lo asimila José Manuel desde pequeño en la familia y en la casa salesiana de Béjar. Lo continuó madurando en el aspirantado de Carabanchel, interrumpido por la guerra civil. El curso 1941/1942 realizó el noviciado en Mohernando, entregando su vida al Señor en el carisma salesiano con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1942. En Mohernando continuó su formación, que le capacitó para los años de trienio en Salamanca María Auxiliadora (1944-1947). El estudiantado teológico de Carabanchel fue la casa donde se preparó para la ordenación sacerdotal, que recibió el 24 de junio de 1951. Su preparación para el desempeño de la misión salesiana fue cuidada, tanto en la formación filosófica y teológica como en la cualificación de profesor Auxiliar de Matemáticas y Física para dar clase en los colegios.
La larga vida de D. José Manuel ha sido fecunda en las diversas casas donde ha prestado su servicio discreto, eficaz, ordenado. Muchas de las tareas que ha desempeñado requerían sacrificio y precisión, rasgos que asimiló desde su infancia y aplicó en su vida. Le vemos como consejero (en las casas de Coruña y Salamanca), como ‘Prefecto’ (en Paseo de Extremadura de Madrid), como ecónomo (Atocha, Guadalajara, Béjar y Salamanca-Pizarrales), y también como encargado de la pequeña comunidad que atendía a los jóvenes militares que se preparaban profesionalmente en la casa de Automovilismo de Carabanchel, donde recibían también formación cristiana. Y no faltó alguna encomienda como catequista y confesor (Salamanca y Arévalo]. Dejó su impronta en la secretaría inspectorial durante años y también como ayudante del ecónomo inspectorial: la organización de la documentación que él cuidó es la base de la estructura actual.
Hombre metódico, amigo de madrugar y no trasnochar, detrás de estos rasgos de persona ordenada, precisa, puntual, estaba también el corazón de un salesiano con una espiritualidad arraigada y vivida con sencillez, expresada en su fidelidad a la liturgia, su devota celebración de la eucaristía, su cuidada predicación de la Palabra. Tenía una gran capacidad de relación, sazonada con su pizca de ironía fina e inteligente, siempre muy ocurrente, y con una memoria prodigiosa para «sucedidos» de su vida salesiana. Aunque parecía reservado, como buen salmantino, era muy cordial con quienes sabían sintonizar con él, y siempre se mostraba muy cercano y muy orgulloso de su numerosa familia.
Los últimos años estuvo atendido en la Casa de Salud Felipe Rinaldi de Arévalo. Y allí murió en la mañana del 27 de julio de 2022 a los 99 años.
Que María Auxiliadora, a quien tanto amó, sea ahora su mejor abanderada ante Dios nuestro Señor.