Rafael Botí Pascual
Sacerdote (1918-2002)
Nacimiento: Alcoy (Alicante), 5 de febrero de 1918
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1943
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 31 de mayo de 1952
Defunción: Martí-Codolar, 7 de marzo de 2002
Nació el 5 de febrero de 1918, en Alcoy (Alicante). Después de haber vivido la experiencia de la Guerra Civil española como soldado, marchó al colegio de Horta en enero de 1941, donde hizo el aspirantado bajo la dirección de don Antonio Recaséns.
Inició el noviciado en Sant Vicenç dels Horts, culminándolo con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1943. Tras unos cinco años de separación de sus compañeros, por motivos de edad y estudios, se junta con ellos en Carabanchel Alto (1948-1950) para hacer dos cursos de teología. Luego pasará al teologado de Martí-Codolar (1950-1952), y es ordenado sacerdote en el Congreso Eucarístico de Barcelona, el 31 de mayo de 1952. A lo largo de estos dos años iba cada semana a Sarrià a ayudar al administrador, don Sergio Quintas.
En Sarrià permanecerá prácticamente toda su vida activa salesiana, hasta 1999, año en que fue trasladado a la residencia de Martí-Codolar, donde murió el 7 de marzo de 2002, a los 84 años de edad.
Su trabajo se desarrolló básicamente en tareas administrativas, pues «los números son más gobernables que los chicos», como aseguraba él mismo. Alternaba la prefectura con la pastoral; destacó especialmente el ejercicio de su ministerio sacerdotal con los enfermos y ancianos de la Clínica Corachán.
Don Rafael encarnó al administrador fiel y solícito; era puntual, constante, tenaz, meticuloso y ordenado en su trabajo y en la planificación del horario.
No fue hombre de muchas palabras, ni de gestos o discursos elocuentes. No necesitaba abundancia de palabras, cuando detrás estaba la vida sencilla y entregada de una persona que intentaba servir sin hacerse notar, con sencillez y servicialidad.
Al final se fue como vivió: de puntillas, sin ruido, silencioso, sufrido, sacrificado…, pero dando testimonio de su fe y su plena confianza en Dios.