Joaquín Bressán Colussi
Sacerdote (1870-1937)
Nacimiento: Vigonovo-Véneto (Italia), 10 de julio de 1870
Profesión religiosa: Valsalice-Turín, 11 de octubre de 1889
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 4 de abril de 1896
Defunción: Sevilla, 4 de noviembre de 1937
Nació el 10 de julio de 1870 en Vigonovo (Véneto). Terminada la enseñanza elemental en su pueblo, con 16 años, el 10 de enero de 1886 ingresa en el Oratorio de Turín. Convive con Don Bosco solo durante dos años, pero los guarda en su memoria como un tiempo de gracia y bendición para el resto de su vida. Considera siempre una gracia muy especial haber sido él uno de los elegidos para llevar en hombros los restos mortales de Don Bosco de la cámara mortuoria a la carroza fúnebre.
El 25 de septiembre de 1888 inicia el noviciado en Foglizzo (Turín) y lo culmina al año siguiente con los votos perpetuos en la casa de Valsalice (Turín) el 11 de octubre de 1889.
En 1890 es enviado a España junto con otro clérigo, don Pedro Ricaldone, futuro rector mayor. Ambos, tras una breve estancia en Sarrià, fueron destinados a la casa de Utrera, en la que realizaron sus primeras experiencias de maestros y asistente salesianos, bajo la paterna dirección de don Ernesto Oberti.
Termina sus estudios filosóficos y prosigue con los teológicos, siempre en Utrera. Recibe la ordenación sacerdotal en Sevilla el 4 de abril de 1896, pero, antes de ser ordenado sacerdote, fue nombrado administrador de la casa y dirigió la construcción y ampliación del colegio tal como se conoce en la actualidad.
Durante 33 años, desempeña el servicio de director de las casas de Sevilla, Cádiz y San José del Valle.
En 1902 es destinado como director a la casa de la Santísima Trinidad en Sevilla. Organiza ese año la nueva inspectoría bética como ente independiente y ocupa —hasta su muerte— un puesto en el consejo inspectorial. Varias veces fue delegado de la inspectoría para los Capítulos Generales.
En 1904 es enviado a Cádiz para hacerse cargo del legado de un instituto para jóvenes artesanos, preparado y confiado a los salesianos por la cooperadora Ana de Viya. Allí durante 18 años, Joaquín despliega su buen hacer. En la ciudad tiene fama de santo y muchos lo llaman el «padre de los huérfanos». Duplica la capacidad del instituto y desarrolla los talleres para artesanos.
El 28 de agosto de 1922 se traslada a Sevilla para dirigir durante un sexenio la casa inspectorial. Un suceso lo pone a prueba, la noche del 1 al 2 de enero de 1927: un violento incendio destruye una gran parte del edificio destinado a escuela de artes y oficios, el teatro y los dormitorios. Su optimismo y trabajo incansable lograron recoger los fondos necesarios para reconstruir y mejorar las instalaciones.
En agosto de 1928 es nombrado director de la casa de San José del Valle, sede del noviciado y del estudiantado filosófico. Desarrolla además una labor de atención a los campesinos de la colonia agrícola. Incluso uno de esos campesinos que se calificaba de comunista, parece que dijo: «Yo deseo la muerte de los curas, pero si alguno intenta tocar a don Joaquín tendrá que pasar por encima de mi cadáver».
Terminado el sexenio, permanece en San José del Valle en calidad de administrador. En los últimos años de vida, pasa un período de reposo en Utrera y en la casa de la Santísima Trinidad de Sevilla. Al final, es enviado a la nueva casa de los salesianos de Triana-Sevilla para ser atendido. Es operado dos veces, pero en la madrugada del día 4 de noviembre de 1937 fallecía en Sevilla a los 67 años.
Fue un sacerdote modelo, de sólida y tierna piedad, siempre amable, humilde y sencillo, sacrificado y trabajador, extraordinario salesiano, observante de las Reglas, gran devoto de María Auxiliadora y admirador de Don Bosco, cuya devoción propagó a lo largo de su vida.