Elpidio Cabrito Rivas
Coadjutor (1941-2009)
Nacimiento: Esguevillas de Esgueva (Valladolid), 21 de abril de 1941
Profesión religiosa: Astudillo (Palencia), 16 de agosto de 1960
Defunción: León, 4 de marzo de 2009
Nació en Esguevillas de Esgueva (Valladolid) el día 21 de abril de 1941. Sus padres, Elpidio y Nicolasa, y sus tres hijos, Elpidio, Pilar y Felicísimo, formaban una familia de arraigadas virtudes cristianas. Al poco tiempo la familia se trasladó a vivir a Pina de Esgueva y más tarde a Valladolid.
Su primer contacto con la Congregación lo tuvo por medio del sacerdote vallisoletano don Remigio, cooperador salesiano, y a primeros de septiembre de 1955 comenzó el aspirantado en el Colegio-Hogar de Vigo. En 1959 inició en Astudillo el año de noviciado, que coronó con la primera profesión el 16 de agosto de 1960.
Al terminar el noviciado, fue dos años (1961-1963) a la Almunia de Doña Godina (Zaragoza), donde perfeccionó sus estudios profesionales. De allí, volvió a Vigo, donde permaneció hasta 1970. Hizo su profesión perpetua el 7 de agosto de 1966.
En 1970 fue enviado a León. Los cursos 1974-1976 los pasó en Madrid para perfeccionar sus estudios de Maestría Industrial Eléctrica. Volvió a León, donde permaneció el resto de su vida, desempeñando los cargos de jefe de residencia, jefe de taller, coordinador de cursos de formación permanente y coordinador de toda la actividad deportiva del centro, siempre con máxima dedicación, responsabilidad y amabilidad en todos los campos.
Hacia finales de 2008, a raíz de unas ciertas molestias, se sometió a unas pruebas que dieron como resultado un cáncer de colon con metástasis numerosas. Siguieron meses de cuidados intensivos, sesiones de quimioterapia e ingresos cada vez más frecuentes en el hospital. Quiso morir en la casa salesiana, donde durante sus últimos días fue solícitamente atendido por los hermanos de la comunidad. Murió en la madrugada del 4 de marzo de 2009, a los 67 años de edad.
El funeral tuvo lugar en el pabellón deportivo, que fue uno de los lugares desde donde él hizo apostolado. Su féretro fue llevado en hombros por deportistas, entrenadores y jugadores, equipados con los colores del Club Bosco. La comitiva hizo una parada ante el campo de fútbol, donde la emoción fue evidente entre los jóvenes deportistas. Y es que Elpidio había dedicado mucho trabajo y mucho tiempo al deporte colegial en el Centro Don Bosco y también al deporte provincial y autonómico. Siempre apostó por esta actividad como un medio y una plataforma válidos para transmitir la educación y los valores cívicos, humanos y cristianos.
Elpidio destacó por su entusiasmo en la animación del deporte colegial, en el teatro, en las sobremesas, en la conversación coloquial con tantas personas a las que atendió y prestó ayuda. Para la comunidad salesiana fue un regalo continuo por su alegría, por su cercanía, por aligerar las dificultades y por su continua disponibilidad para atender al que lo precisara, como enfermero y hasta como experto peluquero.