Primitivo Castellanos Carreño
Coadjutor (1931-2022)
Nacimiento: Bustillo del Páramo (León), 6 de enero de 1931
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1951
Defunción: Arévalo, 1 de agosto de 2022
Primitivo Castellanos nació en Bustillo del Páramo (León) en el seno de una familia cristiana, sencilla y numerosa (5 hermanos y una hermana), formada por sus padres Blas y Estefanía. Su padre agricultor le enseñó bien el oficio que pudo desempeñar en algunas casas por las que ha pasado, sobre todo en Guinea Ecuatorial y en el huerto que cuidaba con esmero en sus últimos años de Arévalo.
En 1949 entra en la casa de Astudillo donde hace su preparación al Noviciado, que realizó en Mohernando y culminó con la profesión el 16 de agosto de 1951, formando parte de la Inspectoría Céltica, que corresponde a la actual Inspectoría de Santiago el Mayor.
Pasó por diversas casas, siempre disponible para todo tipo de servicios que se le requirieran y él pudiese. Siempre con buen espíritu creyente y religioso, siempre ejemplar en la oración personal y comunitaria con la piedad propia de la gente sencilla y profunda.
Estuvo destinado en Puertollano, El Bonal, donde coordinó los trabajos de la granja agrícola, dejando un recuerdo imborrable en los empleados por su sencillez, su gran tesón en llevar adelante las tareas del campo, por gran amor a Don Bosco y a la Congregación y la santificación del trabajo. Pasó después por otras casas, Carabanchel, Salamanca, Urnieta, Mohernando y Arévalo. En todas dejó huella de su profunda sencillez y su sincera y auténtica religiosidad. La fe del campesino en su más “primitiva” expresión.
Una etapa larga e importante de su vida salesiana transcurrió como misionero en Guinea Ecuatorial (Malabo, Mikomeseng, Bata). Su entrega generosa al Señor en la vocación salesiana se expresó con claridad meridiana en esos 20 años de misionero, integrándose en el proyecto África que la Congregación impulsaba aquellos años y que la Inspectoría vivía con interés. Los hermanos que han coincidido con él dan testimonio de su espíritu de trabajo, servicialidad, atención a los más necesitados, deseo de que los jóvenes se educasen con sentido de responsabilidad.
Al regresar de su etapa misionera, se Incorpora a la casa de Mohernando y a la de Arévalo, donde pasa los últimos años de su vida con las mismas disposiciones de servir y colaborar según sus capacidades. Era ejemplar en los últimos años su atención delicada a los hermanos enfermos y mayores de la casa Felipe Rinaldi de Arévalo, y su animación de la oración dirigiendo fervorosamente el rezo del santo rosario.
Primi nos deja el testimonio de un salesiano coadjutor con espíritu religioso profundo, amante de la vocación salesiana, entusiasta de todo lo salesiano, generoso en su entrega a todos, con corazón misionero, servicial con los hermanos enfermos y mayores. Uno de los que engrosan ese extraordinario plantel de excelentes coadjutores salesianos, que, como decía Don Bosco, les basta saber leer y escribir para hacer un gran bien en la Congregación. No dudamos que el Señor dueño de la viña, le ha reservado un puesto de privilegio en la mesa donde hace sentar a los buenos viñadores.