Cid Pazó, Luis

Luis Cid Pazó

Sacerdote (1888-1957)

Nacimiento: Allariz (Orense), 24 de octubre de 1888
Profesión religiosa: Sarrià, 18 de septiembre de 1907
Ordenación sacerdotal: Segorbe (Castellón), 6 de junio de 1914
Defunción: Sarrià, 15 de julio de 1957

Nació el 24 de octubre de 1888, en Allariz (Orense); sus padres dieron dos de sus hijos a la Congregación Salesiana: Sergio, mártir, y Luis.

El 11 de marzo de 1903 Luis llegó a Sarrià (1903-1906) para el aspirantado. Allí inició el noviciado e hizo su primera profesión el 18 de septiembre de 1907. Cursó los estudios de filosofía entre Sarrià (1907-1908) y Ciutadella (1908-1911), mientras realizaba el tirocinio práctico. Trabajó en Valencia (1911-1914) y a la vez hizo los estudios de teología, siendo ordenado sacerdote en Segorbe (Castellón) el 6 de junio de 1914.

Trabajó en Valencia (1914-1922), como prefecto, al lado del padre Viñas, a quien sucedió como director. Luego marchó a El Campello (1922-1928) como prefecto encargado del oratorio festivo. Pasó al Tibidabo (1928-1936) como encargado de la propaganda del templo. Tras el paréntesis de la Guerra Civil española, volvió al Tibidabo (1939-1955), pero un reumatismo progresivo lo fue atando a la cama. Trasladado a Sarrià, murió el 15 de julio de 1957.

En su época de El Campello hizo maravillas: ensanchó la iglesia, fundó el oratorio festivo, cambió el comedor, mejoró la dotación de comedor y dormitorios…

En el Tibidabo, la obra creció gracias a su entusiasmo y tesón. Enamorado del Sagrado Corazón, electrizaba con su palabra y su propaganda. Su carácter entusiasta y audaz, su trato exquisito y cordial, su habla ardorosa y convincente iluminaba las mentes, movía los corazones y abría los bolsillos. Se entregó de lleno a este apostolado, recorriendo toda España y contagiando parroquias y colegios.

Al final, la propia vida de don Luis se convirtió en un dolor, una inmolación, como Cristo en la Cruz. Sometido durante años a una inmovilidad absoluta, dio ejemplos de filial aceptación de la voluntad divina, de serenidad y de piedad profunda, sobre todo cuando durante 18 años estuvo imposibilitado en Sarrià, recibiendo los cuidados solícitos y sacrificados del coadjutor Sr. Pío Sánchez.