Jesús Colina Pérez
Sacerdote (1933-2020)
Nacimiento: Andosilla (Navarra), 11 de abril de 1933
Profesión religiosa: L’Arboç, 16 de agosto de 1951
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 29 de junio de 1961
Defunción: Barcelona, 27 de marzo de 2020
Jesús Colina nació en Andosilla (Navarra), el 11 de abril de 1933. Hizo el noviciado en L’Arboç del Penedés (Tarragona), donde profesó en 1951. Los estudios de filosofía los cursó en Girona (1951-1952) y en Sant Vicenç dels Horts (1952-1954). El tirocinio lo realizó en Pamplona (1954-1957). Después siguieron los años de estudio de la teología en Martí-Codolar (1957-1961). Al finalizar el cuarto año de teología fue ordenado sacerdote en Barcelona-Horta el 29 de junio de 1961.
Desde entonces, los lugares en donde desarrolló su labor pastoral fueron: Barcelona-Hogares Mundet (1961-1962), Huesca (1962-1963 y 1971-1983), Sabadell (1963-1964), Tremp (1964-1966), Andorra la Vella (1966-1971), Barcelona-Rocafort (1983-1989), Barcelona-Tibidabo (1989-hasta el 27 de marzo de 2020.
De la personalidad de don Jesús Colina son dignos de destacar algunos rasgos que lo distinguía claramente. Ante todo, un denominador común que está en la base y en la motivación de todos los demás: su modo de vivir el AMOR recibido de Dios Padre y, a la vez, su compromiso en reflejar ese mismo AMOR para que llegara a los demás, sobre todo a los más necesitados.
Jesús Colina era un salesiano pobre y siempre disponible para el trabajo. Desde muy joven, el afán por ser útil y prestar servicios a los demás lo hizo experto en lo que ahora se llama “mantenimiento del hogar”, de modo que la comunidad no tenía ninguna necesidad de llamar a externos cuando era preciso reparar cualquier tipo de desperfecto. Jesús se había preparado para ello y sabía encontrar tiempo y recursos para echar una mano donde hiciera falta. Se preocupaba de un modo especial por la salud de los demás.
Era un padre acogedor y amigo de los más necesitados, lo demostró de un modo particular cuando fue llamado a ejercer las funciones de capellán castrense en el campamento militar de suboficiales de Talarn, en el Pirineo de Lleida. Allí había un destacamento especial de soldados llamados despreciativamente los “vikingos”, por su manera particular de ser. Colina fue un verdadero padre para ellos y así se lo mostraron aclamándolo públicamente en las calles de Barcelona. Y es que Colina era un salesiano siempre disponible, porque sentía que su misión era servir a los demás. Las personas que acudían al Templo del Sagrado Corazón del Tibidabo en busca de ayuda, del tipo que fuera, enseguida descubrían que la persona más sensible a su necesidad era el P. Jesús. Convencido un apóstol del sacramento de la Reconciliación lo ejercía con sacrificio, asiduidad, generosidad y eficacia. Por otra parte, era un verdadero enamorado del Sagrado Corazón de Jesús y sentía profundamente la necesidad y la urgencia de dar a conocer su devoción como opción preferente para expiar los pecados de la humanidad.
Ciertamente Jesús Colina nos ha dejado un gran ejemplo como persona profundamente enamorada del Corazón de Jesús.
Nadie se esperaba su fallecimiento, pero no murió de coronavirus, aunque por prudencia se le hicieron las pruebas, con resultado negativo. Son muchas las personas que lo lloran y sienten su ausencia. Su vida fue un gran regalo del AMOR de Dios.