Córdoba Requena, José

José Córdoba Requena

Sacerdote (1890-1940)

Nacimiento: Montilla (Córdoba), 17 de febrero de 1890
Profesión religiosa: Sevilla, 22 de septiembre de 1906
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 22 de diciembre de 1917
Defunción: Ronda, 9 de marzo de 1940

Nació el 17 de febrero de 1890 en Montilla. En 1899, a los 9 años, frecuenta el colegio salesiano recién inaugurado, donde pronto le brotó la vocación salesiana.

Ingresa en los aspirantados provisionales de Sevilla y Málaga. En octubre de 1904 entra como novicio en Carabanchel Alto, junto con sus compañeros, que serán mártires en Ronda en 1936, Antonio Torrero y Miguel Molina. Vuelve en octubre de 1905 a Sevilla, donde emite los votos temporales el 22 de septiembre de 1906.

Durante el decenio 1907-1917 compagina las prácticas pedagógicas con los estudios de magisterio, obteniendo en 1910 el título de maestro nacional y de filosofía y teología en las casas de Utrera, Sevilla, Carmona, San José del Valle y el colegio de Santa Teresa en Ronda.

Ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1917 en Sevilla, durante el sexenio 1919-1925 desarrolla su actividad como jefe de estudios primero y como catequista después en Alcalá de Guadaíra.

En 1925, se une a la expedición misionera salesiana. Allí les habla el cardenal Cagliero recordando las palabras que, 50 años atrás, les había dedicado Don Bosco. Entonces eran 10 misioneros; ahora, 250.

Fue destinado a Santa Tecla (El Salvador) como jefe de estudios y luego al colegio de Santa Cecilia como administrador. En 1931 es director en el colegio de San Miguel en Comayagüela y más tarde, en el de Santa Ana y Masaya. En esos momentos su salud empezó a resquebrajarse.

Por tal motivo, a finales de 1938, retorna a España. Durante unos meses trabaja en las casa de Montilla y Sevilla, pero es trasladado a Ronda como confesor y maestro. Incluso llega a ser nombrado director de las escuelas de Santa Teresa, pero la enfermedad, el cansancio y la fiebre pudieron con él.

El sábado 9 de marzo de 1940 fallece en Ronda. Era un salesiano de carácter más bien fuerte y ardoroso, jovial al mismo tiempo y bonachón. Generoso olvidado de sí, se entregaba a los muchachos en la enseñanza y en la asistencia al patio. Como ángel custodio, su celo y su sencillez habitual lo hacían cercano a los muchachos. Como buen salesiano, gozaba con la preparación de las fiestas, el teatro y el deporte.