Delcura Ceballos, Tomás

Tomás Delcura Ceballos

Coadjutor (1908-1983)

Nacimiento: Zaragoza, 12 de febrero de 1908
Profesión religiosa: Sarriá, 26 de julio de 1926
Defunción: Pamplona, 28 de junio de 1983

Nacido en Zaragoza, Tomás se trasladó muy joven a Barcelona con sus padres, de los que se quedó huérfano muy pronto. Ingresó en las escuelas profesionales salesianas de Sarriá como aprendiz de mecánica. Allí prendió su vocación religiosa, enamorado de la figura de Don Bosco, encarnada en los salesianos que él conoció.

Hizo el año de noviciado en Sarriá y la primera profesión religiosa el día 26 de julio de 1926. Durante este período de preparación a la vida salesiana, conoció a don José Luis Carreño, con quien años más tarde tuvo ocasión de compartir ilusiones e ideales en el Hogar del Misionero de Alzuza (Navarra). Completó su formación en las escuelas de Sarrià durante el trienio 1926-1929, quedándose allí como maestro de mecánica.

En 1929 marchó a Argentina, a Tucumán, al colegio Julio García Fernández, donde inició el taller de mecánica. Aunque su estancia en Argentina fue ocasional, guardaba un grato recuerdo de todos los salesianos con los que había convivido. Con frecuencia recordaba las experiencias habidas en esa querida nación.

Al regresar a España, fue destinado a Sarriá. Para preservar su vida durante la Guerra Civil española, cruzó la frontera francesa camino de Italia y permaneció año y medio en Turín y en San Benigno Canavese.

Cuando de nuevo regresó a España el 2 de septiembre de 1937, fue destinado al colegio de Pamplona, en el que permaneció hasta su muerte. Su primera encomienda fue la de maestro de mecánica. Años más tarde inició la rama de electricidad, gracias a su tesón y esfuerzo de autodidacta que le exigió un gran sacrificio y dedicación.

Sus alumnos le recuerdan como un educador de genio vivo, responsable y competente. Amante de su vocación docente, inculcaba en sus educandos actitudes de vida que les hicieran capaces de superar las dificultades inherentes a todo profesional.

Cuando con los nuevos planes de enseñanza le hicieron dejar el taller, se dedicó a realizar su misión de despensero y recadero. Cada mañana acudía a los talleres, a la librería y a los distintos departamentos para ofrecer sus servicios con la sencillez que le caracterizaba.

Era apreciado y querido por todos cuantos le trataban. Sensible y emotivo en su forma de ser, correspondía, en la medida de sus posibilidades, a cuantos le mostraban su afecto.

Era piadoso y devoto. Amante de la Virgen, no regateaba esfuerzo alguno por cumplir con sus obligaciones religiosas.

En la mañana del 20 de junio, fue a hacerse una revisión médica. Lo que en principio parecía una visita protocolaria se convirtió en una estancia definitiva en el centro hospitalario. Los médicos pronosticaron el caso como de suma gravedad y después de mantener una lucha titánica entre la vida y la muerte, falleció a los 75 años de edad, al atardecer del día 28 de junio de 1983.