Tomás Díez Álvarez
Sacerdote (1925-2018)
Nacimiento: Robledo de la Guzpeña (León), 25 de marzo de 1925
Profesión religiosa: Mohernando (Guadalajara), 16 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 31 de mayo de 1952
Defunción: León, 28 de octubre de 2018
Don Tomás nació el día 25 de marzo de 1925 en Robledo de la Guzpeña (León). Los padres, David Díez y Teresa Álvarez, formaron una gran familia de seis varones y cinco mujeres. Tomás ocupó el número 5 en orden de nacimiento de los 11 hermanos. El padre se dedicaba a la agricultura y la hacienda familiar abastecía suficientemente a la familia. Tomás frecuentó las escuelas del pueblo hasta los diez años, cuando fue enviado al colegio salesiano de La Coruña, en calidad de alumno interno. De La Coruña pasó al aspirantado de Astudillo (1937-1939) y de allí al de Carabanchel Alto (1939-1941). Realizó el noviciado en Mohernando, donde profesó el 16 de agosto de 1942. En el mismo Mohernando realizó los años de estudios de filosofía, terminados los cuales fue enviado a hacer el tirocinio práctico a Astudillo como maestro y asistente de los aspirantes salesianos. Al terminar los tres años de tirocinio, el Sr. Inspector le pidió que continuara un año más en Arévalo, donde acababa de abrirse un nuevo aspirantado. Tomás aceptó de buen grado la obediencia, pues era muy estimado por los aspirantes como profesor y como organizador de teatros y veladas. Los estudios de teología los realizó en la casa de Carabanchel Alto. Fue ordenado sacerdote en el Estadio de Montjuic de Barcelona durante el XXXV Congreso Eucarístico Internacional el 31 de mayo de 1952. Como novel sacerdote fue enviado a Astudillo con el cargo de consejero, que acumulaba funciones de catequista y jefe de residencia. Permanece en Astudillo hasta el año 1960, habiendo sido nombrado prefecto en la misma casa en 1957. Seguidamente fue destinado como director a la casa de (1960-1963). Volverá a Allariz más tarde de 1981 a 1989 como Encargado de la Obra y Delegado para la Familia Salesiana. Mientras tanto en 1963 marcha de nuevo a Astudillo, esta vez como director. En agosto de 1966 deja la casa de Astudillo y es nombrado Prefecto de la de Las Salinas en Medina del Campo, donde cursaba estudios de filosofía un buen plantel de posnovicios que lo habían tenido de Director en Astudillo. D. Tomás, que ya había demostrado ser un gran ahorrador siendo prefecto en Astudillo, no ha olvidado la agudeza de conseguir lo más posible con el menos gasto posible, a base recorrer los establecimientos de comestibles y de toda clase de productos necesarios para la casa, para conseguir las cosas lo más rentablemente posible, de no hacer gastos superfluos y aprovechar las cosas hasta la extinción.
Y otra vez, y otra más, vuelve a Astudillo en dos períodos: de 1969 a 1973 y de 1977 a 1980. En el curso 1973-1974 es director de la casa. En el resto de los años atiende a la Familia Salesiana y colabora en la parroquia y las capellanías a cargo de la comunidad. En 1974 es nombrado secretario inspectorial, cargo que ocupa hasta 1977, pero pronto vuelve a las casas de formación de Astudillo, Allariz y Cambados, donde pasará 13 años como confesor y colaborados en las parroquias de la zona. El día 21 de agosto de 1991 sufrió un grave esguince que lo va a marcar físicamente para el resto de la vida. De Cambados pasó a a Foz concretamente, donde se hizo niño con los niños en el tranquilo Colegio Martínez Otero. Allí fue un asistente y acompañante de los niños en los comedores, en los patios y demás lugares donde se encontraran los niños. A pesar de su edad y sus achaques supo hacerse niño con los niños. La estancia en Foz estuvo marcada por unas condiciones de salud muy precarias, que le venían condicionadas desde los últimos años pasados en Cambados. Finalmente, el día 1 de septiembre de 2004 recala en la Casa de Salud Santiago el Mayor de León para ser atendido en todos los aspectos de su salud que, como se ha dicho al inicio de esta carta, fue siempre de mal a peor. Allí pasó los últimos 14 difíciles años de su vida, paciente, sufrido y siempre con el rosario en la mano. Murió el 28 de octubre de 2018. Su vida interior estuvo marcada por una profunda espiritualidad, típicamente salesiana: trabajo, templanza y sentido de fiesta. Mientras tuvo cargos se distinguió por su sentido de comunidad, por su amor a las vocaciones y por su servicio pastoral. En los años de su enfermedad le fueron familiares las virtudes de la humildad, del temor de Dios, del sufrimiento y dolor ofrecido, del sacrificio y de la cruz, dentro de una mística del dolor tal como la había practicado su modelo salesiano el Siervo de Dios don Andrés Beltrami.
Su muerte fue muy sentida y son muy numerosos los testimonios de gratitud y admiración hacia él, expresados por personas que lo conocieron y lo tuvieron por maestro de ciencia y de vida.