Díez Valdivielso, Asterio

Asterio Díez Valdivielso

Coadjutor (1942-2025)

Nacimiento: Torrepadre (Burgos), 3 de marzo de 1942
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1961
Defunción: Madrid-Carabanchel, 14 de enero de 2025

Asterio había nacido en Torrepadre (Burgos) el 3 de marzo de 1942, en el seno de una familia formada por sus padres Gabino y Marcelina, que atendían la casa y las labores del campo, como muchas familias de la meseta castellana. En su ambiente de familia numerosa asimiló la fe cristiana y las cualidades para el trabajo y la vida honrada.

El año 1955 comenzó el aspirantado en Astudillo, que continuó en Arévalo los años 1957-1960. Con esos años se prepara para el Noviciado en Mohernando, que termina con la primera profesión el 16 de agosto de 1961. En estos primeros años de formación va configurando su personalidad como persona sencilla, colaboradora, servicial, piadosa; y se decanta por la vida salesiana como coadjutor. Los años siguientes de formación inicial hasta la profesión perpetua (10 de julio de 1968) los vive en Mohernando y Madrid-San Fernando.

En su larga trayectoria como coadjutor salesiano ha vivido su vocación en varias comunidades. Además de las casas de formación inicial, Asterio se ha mostrado como hermano creador de comunidad en Ciudad Real, Casa Inspectorial, Carabanchel, Madrid-Estrecho, Salamanca-San Jose. La mayor parte de su tarea ha sido de servicio como colaborador del administrador o como encargado de alguna administración. Siempre ha tratado de vivir con sencillez y espíritu de servicio. Estaba disponible a cuanto se le pidiera, especialmente cuando se le solicitara para conducir en algún viaje.

Los últimos 20 años los ha vivido en la Comunidad Sagrado Corazón de Madrid-Carabanchel, la Casa de Orientación Vocacional, donde no solo ha prestado su servicio de modo responsable como administrador de la casa y el cuidado de la comunidad, sino que se le ha visto siempre interesado por la vida de los jóvenes que realizaban algún proceso de discernimiento en esa casa, dándoles testimonio de su vocación de salesiano coadjutor. Ese testimonio se manifestaba también en el interés por la lectura y formación permanente en horas libres, en su vida de oración y en el amor a Don Bosco y a la Congregación Salesiana en sus múltiples campos de acción pastoral. Desde hacía años estaba tratando de controlar la leucemía que le diagnosticaron. Logró vencerla con su vida bien ordenada, pero no ha podido sobrevivir a este último ataque.

Al terminar su peregrinación entre nosotros, Asterio podrá presentarse ante el Señor con todo lo bueno llevado a cabo en la vocación salesiana y escuchar las consoladoras palabras del Señor al criado responsable: “Ven, siervo fiel y cumplidor, pasa a la casa de tu Señor”. Que sean María Auxiliadora, a la que se encomendaba con devoción, y Don Bosco, a quien admiraba como buen salesiano, los que presenten a Asterio ante Dios Padre.