Domenech Llorens, Antonio

Antonio Domenech Llorens

Sacerdote (1931-2002)

Nacimiento: Alcoy (Alicante), 18 de mayo de 1931
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1947
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 29 de junio de 1957
Defunción: Valencia, 26 de octubre de 2002

Nació en Alcoy el 18 de mayo de 1931. Sus padres, Salvador y Rosa, dieron vida, amor y fe a una familia de seis hijos, «una familia tan buena, tan profundamente cristiana, que ha sabido transmitirnos la fe de nuestros antepasados y en el seno de la cual han florecido vocaciones sacerdotales y religiosas, vocaciones de vida cristiana», escribe Antonio en sus apuntes. Su amor a la familia estará permanentemente presente a lo largo de su vida.

Estudió primero en el colegio salesiano de su ciudad, después pasó al instituto de enseñanza media y en agosto de 1946 marchó a Sant Vicenç dels Horts para el noviciado, que culminó con la profesión el 16 de agosto de 1947. Cursó los estudios de filosofía en Gerona y fue destinado para el trienio a Mataró. Allí sufrió un grave accidente mientras en verano pintaba con otros compañeros una fachada del colegio, que costó la vida al administrador salesiano, don Enrique Nácher, y a Antonio le ocasionó una leve cojera para el resto de su vida. Hizo teología en Barcelona-Martí-Codolar y fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1957.

En Sevilla inició los estudios universitarios de ciencias que terminó en Barcelona con la licenciatura en Biológicas. Trabajó en Valencia-Calle Sagunto y en Cuenca como director técnico. Mientras tanto, por consejo del señor inspector, en 1964 se presentó en Madrid a las oposiciones a profesor numerario de Ciencias Naturales. Las ganó con el número 5 por orden de méritos y solicitó plaza en Albacete. Tomó posesión de la misma, pero —al cambiar las circunstancias que motivaron la propuesta del señor inspector— renunció a sus derechos. En 1972 volvió al colegio de Valencia-Calle Sagunto, como director técnico. En 2001 pasó a la comunidad del postnoviciado, contigua al colegio, y, al desaparecer esta, a la casa inspectorial, pero siempre ligado a sus tareas docentes en el colegio hasta el día de su muerte.

Sacerdocio y docencia fueron las dos caras de su identidad, perfectamente integradas y asumidas por Antonio hasta el último momento de su vida. Fue un gran profesor y un buen educador, entregado a la tarea docente en un proceso constante de maduración en todos los aspectos, en el aula, en el patio, en los laboratorios. Disfrutaba y hacía disfrutar a los alumnos.

En la homilía funeral se le definió como hombre exacto, matemático, científico, fiel siempre, salesiano, enamorado de su vocación y sacerdote ejemplar. Y sus antiguos alumnos escribieron: «Nos hiciste amar las ciencias y amar a nuestro colegio, porque siempre fuiste cercano a nosotros, amable, exigente y meticuloso en nuestros trabajos, pero comprensivo y dispuesto a ayudarnos en cualquier momento».

Desplegó su sacerdocio en el apostolado de la Palabra, siempre clara y competente, y en el servicio pastoral que puso de manifiesto en el cuidado exquisito de la capellanía de nuestra casa de Godelleta. Estuvo a su cargo desde el año 1987 hasta el 11 de junio de 1999 cuando, en plena eucaristía, le sobrevino un malestar, diagnosticado después como una leucemia linfática crónica.

A pesar de las sesiones de quimioterapia y transfusiones de sangre, no dejó nunca de hacerse presente en los actos comunitarios ni en su trabajo académico. Fue un regalo de Dios para la comunidad educativa y para sus hermanos. El día 24, dos días antes de morir, acompañado de toda la comunidad, recibió la unción de los enfermos y la bendición de María Auxiliadora. Consciente y serenamente, como era su modo de ser, entregaba su alma a Dios el día 26 de octubre de 2002, a los 71 años de edad.