Febrer Morlà, Francisco

Francisco Febrer Morlà

Sacerdote (1916-1971)

Nacimiento: Ferrerías (Menorca), 29 de septiembre de 1916
Profesión religiosa: Gerona, 16 de agosto de 1941
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 29 de junio de 1950
Defunción: Barcelona, 26 de junio de 1971

Nació el 29 de septiembre de 1916 en Ferrerías (Menorca). El 3 de septiembre de 1935, a los 19 años de edad, Francisco solicitó entrar en el aspirantado misionero de Astudillo para ser salesiano. Pero la Guerra Civil española truncó temporalmente sus ilusiones, pues fue llamado a filas. Estuvo en el frente de Teruel y fue herido gravemente en la cabeza, por lo que fue declarado «inútil total y caballero mutilado».

Terminada la guerra, continuó el aspirantado en Sant Vicenç dels Horts, el 15 de agosto de 1940 inició el noviciado en Gerona y profesó el 16 de agosto de 1941. A continuación estudió dos años de filosofía también en Gerona y realizó el trienio entre Pamplona (1943-1945) y Sant Vicenç dels Horts (1945-1946).

Estudió teología en Carabanchel Alto (1946-1950) y se ordenó sacerdote el 29 de junio de 1950.

Trabajó en Rocafort (1950-1954) como catequista, tres años como administrador en Sant Vicenç dels Horts y uno en El Campello (1957-1958). En sus últimos 13 años realizó un apostolado intenso en los Hogares Mundet. En aquella pequeña «ciudad» se desarrolló densamente su acción sacerdotal; parecía que estaba hecho expresamente para ella.

Ejercía con gran dedicación su ministerio sacerdotal presidiendo las funciones litúrgicas, celebrando eucaristías y predicando la Palabra de Dios. Atendía espiritualmente a todos los enfermos de la institución, confesaba con incansable celo a niños, jóvenes y adultos. Daba clase, asistía a los alumnos en el comedor, el patio y los dormitorios, salía de paseo con ellos y los acompañaba también en las excursiones. Le gustaba pasar desapercibido, lo cual instintivamente provocaba el respeto de los que lo conocían.

Era un salesiano bueno y sencillo, que hablaba poco y hacía mucho, de escasa apariencia, pero muy trabajador y de abundantes valores religiosos. A veces, a punto de retirarse a descansar por la noche, recibía aviso para ir a administrar la unción de enfermos a algún anciano y respondía generosamente con prontitud. Y a las siete menos cuarto de la mañana, infaliblemente, estaba ya en la capilla para hacer la meditación con la comunidad, empezando de nuevo la jornada con entrega y alegría.

Murió en Barcelona el 26 de junio de 1971, a los 54 años de edad.