Fernández Alonso, José

José Fernández Alonso

Sacerdote (1885-1975)

Nacimiento: Las Rozas (Madrid), 9 de julio de 1885
Profesión religiosa: Sevilla, 18 de septiembre de 1904
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 2 de junio de 1912
Defunción: Sanlúcar la Mayor, 5 de abril de 1975

José nace en el pueblo madrileño de Las Rozas. No llega a conocer a su padre, militar con graduación de teniente coronel y capitán de ingenieros. Su madre muere cuando él tenía 11 años.

Fue a la escuela pública donde estudia las primeras letras y los dos primeros años de bachillerato. El resto los cursa, ya como interno, en la casa de Utrera, cuyo personal casi todo había sido enviado por Don Bosco. En este ambiente surge su vocación salesiana.

En la misma Utrera estudia filosofía, sirviéndole ese año de aspirantado y, sin más, el entonces inspector, don Pedro Ricaldone, le imponía la sotana. En el curso siguiente (1902-1903) hace el noviciado y pide ir a misiones, aunque no lo logra. Lo que sí se le concede es hacer directamente la profesión perpetua el 18 de septiembre de 1904. Permanece un año más en la casa de la Santísima Trinidad como asistente de talleres y maestro de algunos aspirantes:

«Ya no eres tuyo, eres de los niños», le había dicho su director, don Joaquín Bressán.

La década 1904-1914 la pasa en Écija, simultaneando clases con el estudio de teología. El 2 de junio de 1912 recibe en Sevilla el sacerdocio. Los dos cursos siguientes continúa en Écija como profesor y, cosa no común en aquella época, como joven confesor.

Tras un curso en San José del Valle para dar clase a los filósofos, de 1915 a 1927 está en Montilla. De 1927 a 1938 se instala en San José del Valle, dos años como profesor de los filósofos y los nueve restantes como maestro de novicios. Durante dos años en la casa inspectorial es confesor y publica un tratado sobre la santa misa en forma de catecismo.

Luego ya su única casa es el estudiantado teológico. Desde 1940 y hasta 1956 estuvo en Carabanchel Alto-Madrid, como profesor de Moral y Teología Espiritual y confesor. Al establecerse el teologado de las inspectorías andaluzas en Posadas y después en Sanlúcar la Mayor, él siguió impartiendo sus clases de ascética y mística. Clausurado el teologado, permaneció en Sanlúcar, transformada en casa de espiritualidad y noviciado. Operado de cataratas, al poco tiempo pierde la visión del ojo izquierdo. Tal deficiencia lo lleva a dejar las clases, pero no a abandonar el confesionario, el estudio y la lectura.

Fue un autodidacta sin oportunidad de hacer estudios especiales. Pero su vida no estuvo exenta de limitaciones reflejadas en su timidez, en su aislamiento, en su rigidez, en su meticulosidad, en cierto perfeccionismo y exigencia. Signo de ello es su pobreza metódica, hasta la exageración. Siempre delicado de salud, observaba el régimen de comida tomando de postre seis galletas los días ordinarios y 10 los días de fiesta.

El deseo de que todos pudieran conocer y amar mejor a la Congregación le llevó, en los últimos años de su vida, a organizar un equipo de salesianos de toda España para traducir las Memorias Biográficas de Don Bosco. Él mismo tradujo el primer tomo e inició el cuarto, que no logró terminar por impedírselo la muerte.

Y se fue con la sencillez con la que había vivido la vida. El 5 de abril de 1975, de madrugada, un fallo de corazón apagó serenamente su longeva existencia, a sus casi 90 años. La misa de corpore insepulto tuvo aire pascual, de contenida alegría, por existir en todos la impresión de que don Pepito gozaba ya de Dios.