Fernández Ferro, Manuel

Manuel Fernández Ferro

Sacerdote (1893-1936)

Nacimiento: Paradiñas (Orense), 30 de mayo de 1893
Profesión religiosa: San José del Valle, 1 de enero de 1920
Ordenación sacerdotal: El Campello, 17 de junio de 1928
Defunción: Málaga, 23 de agosto de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007

Nació el 30 de mayo de 1893 en Paradiñas (Orense). Su hermano menor, Sergio, será también sacerdote salesiano (fallecido en Rota el 5 de octubre de 2002).

Con 16 años hizo el aspirantado en Écija y Cádiz. A fines de 1918 ingresó en el noviciado de San José del Valle, consagrándose al Señor con la profesión religiosa en 1 de enero de 1920.

En la casa de Sevilla (1920-1925) cursó dos años de filosofía y después hizo el trienio práctico. En el teologado nacional de El Campello estudió teología y fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1928.

Tras un año de ministerio sacerdotal en Córdoba, fue destinado a las escuelas profesionales de Málaga.

Al estallar la Guerra Civil, siguió los avatares sufridos por toda la comunidad salesiana y fue martirizado. Los detalles están recogidos en la reseña de ALONSO SANJUÁN, Tomás (pág. 38).

Manuel junto a Francisco Míguez logran huir y escabullirse entre la gente que los espera fuera para fusilarlos. Consigue un salvoconducto y termina por hospedarse en el hotel «Imperio», cuyo propietario es Francisco Cabello, ferviente católico.

El día 15 de agosto detienen en el hotel a su compañero don Francisco Míguez. Al día siguiente se enteran de su martirio. Manuel comprende que sus horas están contadas y ese mismo día escribe unas letras a su familia por medio del consulado de Argentina:

Queridos padres y hermanos:

Me parece que estas serán mis últimas líneas. Madre estuvo inspirada al despedirse con un beso y un abrazo; igualmente lo hago yo. No tengáis pena por mí; muero contento por la religión y por España. Si pueden, manden decir por mí las treinta Misas de San Gregorio.

Adiós. En el cielo os espera,

Manuel.

Un fuerte abrazo a todos y agradecido por todo lo que habéis hecho por mí.

Durante nueve días, don Manuel esperó la muerte. La tarde del 22 de agosto fue sacado del hotel en compañía del dueño del mismo, don Francisco Cabello, de dos agustinos y un sacerdote del seminario. Todos fueron asesinados en las tapias del cementerio de San Rafael en la madrugada del día 23 y sepultados después en una de las fosas comunes. Posteriormente sus restos fueron trasladados solemnemente con las demás víctimas a la catedral.

Don Manuel fue siempre un salesiano observante, de voluntad férrea, consagrado a su misión de educador y evangelizador. Buscaba siempre el bien de sus alumnos. Brillaba en él la humildad, la sencillez, el amor al trabajo, el trato exquisito y la piedad. Era muy devoto del Santísimo Sacramento, del Sagrado Corazón y de María Auxiliadora.