Sergio Fernández Ferro
Sacerdote (1914-2002)
Nacimiento: Paradiñas (Orense), 21 de noviembre de 1914
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1935
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 15 de junio de 1946
Defunción: Rota (Cádiz), 5 de octubre de 2002
Sergio nace el 21 de noviembre de 1914 en el pueblo orensano de Paradiñas en el seno de una familia profundamente cristiana y fecunda en vocaciones sacerdotales y salesianas. Su hermano Manuel parte antes que él para el aspirantado de Écija y será martirizado en 1936 en Málaga.
En 1929 fueron ambos al aspirantado de Montilla. Durante el curso 1934-1935 en San José del Valle, hace el noviciado. Mientras, en ese año nacía un sobrino suyo, Edesio, que también se haría salesiano. Corona su noviciado con la profesión temporal el 10 de septiembre de 1935.
En San José del Valle estudia filosofía en los años 1935-1937, estudios entremezclados con los avatares de la Guerra Civil. El trienio lo hace en Las Palmas de Gran Canaria y pasa después a Carabanchel Alto, donde estudia teología y se ordena sacerdote el 15 de junio de 1946.
Su labor sacerdotal la desarrolla en Las Palmas, Cádiz y, tras una breve estancia en Alcalá de Guadaíra, en 1960 llegaba a Rota, donde se quedará durante 42 años, hasta su muerte, desempeñando todos los servicios de la misión salesiana: asistente, catequista, administrador, director (1979-1982) y, por último, encargado de la capilla del colegio.
Su servicio pastoral a la juventud hizo de él un maestro incansable, eficaz y admirado. Muchas generaciones de roteños pasaron por sus aulas y lo recuerdan siempre infatigable, paciente, perseverante y sonriente. «Nunca le vimos enfadado», repiten. Siempre estuvo con niños de primaria. Entre sus antiguos alumnos no se cuenta mucha gente importante, sino una muchedumbre de hombres del pueblo que llegaron a situarse en la sociedad como buenos cristianos y honrados ciudadanos. Disfrutaba haciéndose presente en el patio con los chicos: bromeaba y les contaba episodios de la vida de Don Bosco.
Proverbial su devoción a María Auxiliadora. Fue hasta el final de sus días el alma de ADMA. Consiguió que se levantara un monumento a María Auxiliadora que da la bienvenida a todos los roteños.
En la Comunidad estaba siempre dispuesto para los servicios más humildes. Su trato era una delicia.
Nunca buscó medallas. Y ahí queda el ejemplo más patente, pues cuando los antiguos alumnos comenzaron a moverse para que el ayuntamiento lo declarara Hijo Adoptivo de la villa de Rota, tuvo la ocurrencia de morirse.
A pesar de sus años, era el primero en abrir la capilla para que los alumnos visitasen al Señor y a la Señora; hacía de sacristán, de presidente de la asamblea litúrgica y, sobre todo y a cualquier hora, de confesor.
Se apellidaba Ferro por parte materna, que en gallego significa hierro. Y a sus 87 años, parecía construido no de hierro, sino de acero templado. Jamás había tenido la más mínima enfermedad y cuando en verano se partió el peroné al caminar por entre la grava de una obra, pensó que había sido una simple luxación, se marchó a la playa y se bañó como todas las tardes. Su salud fue insultantemente fuerte hasta tres días antes de morir.
Bastó una semana para llevarlo de la plenitud de su actividad a la muerte por culpa de una embolia intestinal. Internado de urgencia, recibió la unción de los enfermos y falleció el 5 de octubre de 2002, a los 87 años de edad.
El funeral, celebrado en la parroquia salesiana, fue presidido por el inspector, al que acompañaron muchos sacerdotes, entre ellos sus dos sobrinos salesianos. La asistencia del pueblo, presidida por el alcalde, fue masiva.