Perfecto Fernández Míguez
Sacerdote (1935-2008)
Nacimiento: Campelo-A Merca (Orense), 8 de noviembre de 1935
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1952
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 14 de abril de 1961
Defunción: León, 26 de enero de 2008
En una nota escrita por el mismo Perfecto, se afirma: «Yo, Perfecto Fernández Míguez, nací en Allariz, en un gran caserón de piedra con planta baja, 1º y 2º piso. [Hoy la tiene el Concello de Allariz]. Este caserón está situado entre las calles [= as Rúas]: Entrecercas y Rua Suárez, número 19. Y nací el 1 de noviembre de 1935, aunque en el carné de identidad —no sé por qué— mis padres me inscribieron en el Registro Civil de A Merca (Orense), el 8 de noviembre de 1935. Mis padres son Perfecto Fernández Cid y Celsa Míguez Pérez».
Después de hacer el aspirantado en Cambados y Arévalo, entró en el noviciado de Mohernando el 15 de agosto de 1951 e hizo su profesión religiosa el 16 de agosto de 1952.
Los estudios de filosofía los realizó en el recién estrenado estudiantado filosófico de Guadalajara. El trienio lo repartió entre Zamora, el colegio de Calvo Sotelo de La Coruña y el aspirantado de Cambados, pasando después al teologado de Carabanchel Alto, que fue trasladado más tarde a Salamanca, donde fue ordenado de sacerdote en 1961.
Ejerció su ministerio sacerdotal por breves períodos de tiempo en diversos colegios: Zamora, Vigo, Celanova, Oviedo, La Robla, Colegio Don Bosco y Calvo Sotelo de La Coruña, y durante 30 años fue profesor de educación primaria en el colegio de María Auxiliadora de Vigo. Durante 28 años fue además capellán de la comunidad de las hermanas Trinitarias.
Su gran virtud fue ser con sencillez lo que hay que ser, como él decía, hacer y dejar hacer para que el camino sea de cada quien. Ejercitó la caridad con los pobres, recibiendo por ello el sobrenombre de «hermano limosnero», pues atendía con cariño a quienes venían a pedir al colegio.
Religioso observante y cumplidor, era fiel a la palabra dada, al compromiso adquirido. Su natural sencillez le llevaba a vivir con austeridad la vida religiosa, sin exigencias ni lamentaciones. Se le veía con frecuencia en oración, en la soledad de nuestra capilla, fuera de los tiempos establecidos.
Una ELA fue poco a poco debilitando su salud, hasta que no pudo ya casi moverse. Fue trasladado a la casa de enfermos de León, donde pasó el último período de su vida.
Murió en la madrugada del 26 de enero de 2008, cuando acababa de cumplir los 72 años. Fue enterrado en el panteón salesiano de León, donde reposan sus restos junto con los de otros hermanos salesianos.