Ferrán i Vidal, Joan

Joan Ferrán i Vidal

Coadjutor (1911-1999)

Nacimiento: Sabadell (Barcelona), 14 de abril de 1911
Profesión religiosa: Gerona, 1 de agosto de 1930
Defunción: Martí-Codolar, 17 de julio de 1999

Nació el 14 de abril de 1911, en Sabadell (Barcelona). Fue alumno de las Escuelas Pías y, al quedar huérfano siendo muy pequeño, ingresó como alumno interno en el colegio de Mataró. Poco después pasó a Sarrià y pidió ir al aspirantado, donde decidió pasar a coadjutor. Comenzó el noviciado en Gerona, donde profesó como coadjutor el 1 de agosto de 1930.

Fue destinado a Huesca y con 19 años se estrenó como maestro; en la clase tenía 85 niños. Trabajaba mucho con los chicos y preparaba obras de teatro, para lo que tenía muy buenas aptitudes. También trabajó en Gerona (1932-1933) dando clase y llevando el oratorio festivo, hasta que estalló la Guerra Civil española.

El señor Ferrán, que hacía de portero del colegio, supo ganarse la confianza de los jefes republicanos, hasta el punto de que le encargaron pagar los jornales de los empleados del colegio, convertido en hospital. Así que todas las semanas el señor Ferrán iba a la comisaría de la Generalitat a retirar las 15.000 pesetas que debía distribuir. También se encargó de custodiar en un escondrijo de la portería la sagrada eucaristía, que luego él repartía entre los hermanos.

Acabada la guerra, pasó por las casas de Ciutadella (1939-1948), Burriana (1948-1951), Valencia San Antonio (1951-1954), Huesca (1954-1968), Sabadell (1968-1994) y finalmente se le trasladó a la residencia Ntra. Sra. de la Mercè de Martí-Codolar, donde falleció el 17 de julio de 1999, a los 88 años de edad.

Era un hombre muy cercano, que se hacía querer. Con su elegancia y delicadeza sabía relacionarse con todos, incluso con la gente más sencilla. Dispuesto a las relaciones humanas, saludaba siempre con una sonrisa; le gustaba rodearse de niños y departir con ellos en el patio, al estilo de Don Bosco.

Persona detallista, le gustaba visitar a las familias para repartirles el calendario de María Auxiliadora, saludar a los enfermos o decir una buena palabra, recordaba santos y aniversarios, y agradecía los favores recibidos.

Su piedad sencilla y profunda se transparentaba en cada una de sus actividades.