Fraile Hernández, Manuel

Manuel Fraile Hernández

Sacerdote (1899-1980)

Nacimiento: Vandunciel (Salamanca), 17 de diciembre de 1899
Profesión religiosa: San José del Valle, 12 de septiembre de 1918
Ordenación sacerdotal: San José del Valle, 21 de diciembre de 1929
Defunción: Campano, 9 de marzo de 1980

Nace al expirar el siglo XIX en el pueblecito salmantino de Valdunciel, en el seno de una familia campesina profundamente cristiana.

Con el permiso de su familia, el salesiano Julián Sánchez lo lleva al aspirantado de Écija en septiembre de 1912. Pasa después al noviciado de San José del Valle, donde profesa el 12 septiembre de 1918, y allí continúa con los estudios filosóficos. El trienio con el servicio militar incluido, lo comparte entre Utrera y Sevilla, donde inicia los estudios de teología, que completa en El Campello. El 21 de diciembre de 1929 en San José del Valle, recibe el orden sacerdotal de manos del obispo chileno monseñor Jara, salesiano.

Prolífica y muy significativa es la relación de los lugares de trabajo, que van moldeando su personalidad salesiana y sacerdotal: Sevilla-Trinidad, Córdoba, Arcos de la Frontera, Montellano, Ronda-Santa Teresa, Campano y, ya como confesor, Jerez-Hogar de la Purísima, Sevilla-Hogar de San Fernando, Cáceres-Hogar de San Francisco y finalmente, desde 1964 —es decir, durante casi 20 años—, Campano.

Aportó su presencia y su consejo, día y noche estuvo disponible, hasta que sus fuerzas se lo permitieron, como confesor, pues estaba convencido de que las almas no tienen horas.

Cuando ya su edad y sobre todo el reúma pertinaz le impedían andar, rezaba y ofrecía sus dolores y su retiro por la Iglesia, la Congregación y las vocaciones. Leía y meditaba la Sagrada Escritura, manifestaba filial devoción a María Auxiliadora en el rezo diario del rosario o repartiendo estampas a los alumnos. Hombre de oración, no dejó de celebrar la santa misa ni un solo día.

Su reúma desembocó en embolia cerebral la víspera de la festividad de San Juan Bosco de 1980. El 9 de marzo expiraba tranquilamente a los 80 años. En el funeral un joven párroco de un pueblo vecino comentaba: «Más que un funeral parecía una misa de gloria».