Fuente Martínez, Gregorio de la

Gregorio de la Fuente Martínez

Coadjutor (1932-2011)

Nacimiento: Valdecolmenas de Abajo (Cuenca), 6 de febrero de 1932
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1952
Defunción: Madrid, 3 de marzo de 2011

Nació el día 6 de febrero de 1932 en el pueblo de Valdecolmenas de Abajo, provincia de Cuenca, en el seno de una familia sencilla y trabajadora, dedicada a la agricultura y profundamente cristiana.

El 24 de octubre de 1947 ingresó como interno en el colegio salesiano de Madrid-Atocha. Durante cuatro años estudia carpintería y asimila el espíritu de Don Bosco. En 1951 comienza el noviciado en Mohernando realiza su profesión religiosa el día 16 de agosto de 1952.

Desde 1952 a 1960 trabaja como maestro de taller en el colegio de San Fernando de Madrid. La obediencia le lleva en 1960 al colegio salesiano de Pasajes (Guipúzcoa), donde permanece hasta el año 1977, realizando las funciones de maestro de taller y ecónomo. El curso siguiente también ejerce de ecónomo en el colegio salesiano de Zuazo de Cuartango.

Vuelve a Madrid en el año 1978 para trabajar en la librería de la Casa Don Bosco hasta 1988. Tras un paso fugaz por las casas de El Campello, Atocha y Guadalajara, es destinado a Bata, República de Guinea Ecuatorial, donde permaneció durante el curso 1989-1990. En 1990 marcha a Carabanchel Alto, donde pasa las dos últimas décadas de su vida.

De su persona destacan los valores del trabajo intenso y bien realizado, que hizo de él un profesional de reconocido prestigio, su sentido del deber, su amabilidad y su fidelidad a las prácticas de piedad.

Constructor de comunidad, sencillo, de talante muy servicial. Llevaba la alegría a la comunidad de los estudiantes de teología que le provocaban con frecuencia para poder disfrutar de su peculiar sentido de la vida y de sus ocurrentes chascarrillos. Con él siempre se estaba a gusto.

Los párrocos con los que colaboró en la parroquia de San Antonio Abad de Valencia lo evocan de esta manera: «Simpático, dicharachero, afable, dispuesto siempre a ayudar en todo, devoto de María Auxiliadora. Lo recuerdo pobre, obediente, piadoso, trabajador, ordenado, limpio, buen salesiano» (Manuel Bellver). «Hombre sencillo, observante y buen religioso, que alegraba a la comunidad con sus historietas, metódico, siempre se levantaba a las seis de la mañana fuera el día que fuera; meticuloso y limpio, era la alegría de la comunidad» (Rafael Colomer).

Después de una vida de entrega, fue llevado a la residencia de El Campello. Y allí estuvo 14 años culminando su fidelidad al Señor con dolor y silencio.