José María García Méndez
Sacerdote (1948-2020)
Nacimiento: Guadalajara, 16 de junio de 1948
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1965
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 14 de marzo de 1974
Defunción: Madrid, 6 de abril de 2020
Nació José María, Chema para los amigos, en la ciudad de Guadalajara, donde poco tiempo después de su nacimiento los salesianos abrieron una casa para estudiantes de filosofía. Sus padres fueron Ángel García y Concepción Méndez. Recibió de ellos una excelente educación, que él fue completando después con gran aprovechamiento en los diversos estudios que a lo largo de su vida fue realizando.
Después de los estudios de humanidades entró en el noviciado de Mohernando, muy cerca de su ciudad natal y allí profesó en 16 de agosto de 1965. Los estudios de filosofía los realizó en el colegio de Guadalajara. Terminados los cuales, hizo el trienio práctico, y mientras tanto fue estudiando y practicando la música hasta que se licenció en el conservatorio de Madrid. La música fue para él en los sucesivo uno de los medios más eficaces de su apostolado entre los jóvenes.
La teología la cursó en Salamanca, donde fue ordenado sacerdote el 14 de marzo de 1974. Dadas sus cualidades y su carácter se le auguraba un brillante porvenir y así resultó. Después de unos años, llamémoslos de ensayo sacerdotal, en los colegios de Madrid San Fernando (1974-1978) y Madrid-Estrecho (1978-1985), pasó a ocupar importantes cargos en las casas y en la inspectoría: tres años de director en Alcalá de Henares (1985-1988); tres años de director en Madrid-Atocha (1988-1991); consejero inspectorial (1995-1997); nuevamente director de Madrid-Atocha (1997-2003); director de Aranjuez (2004-2010) y tras unos años de relativo descanso en Carabanchel, pasó en 1914 a ser director de la casa inspectorial y secretario de la nueva inspectoría de Santiago el Mayor. Sorprendentemente y con gran dolor de todos falleció víctima del coronavirus el 6 de abril de 2020. Hacía solo una semana que había sido ingresado en el hospital con dificultades respiratorias, debidas a la infección del virus, y no pudo superarlo.
Fue una gran pérdida, pues con solo 71 cabía esperar de él todavía muchos años de plena actividad salesiana.
Chema fue siempre una persona atenta, disponible, obsequiosa. “Un salesiano que amó profundamente la congregación y se entregó celosamente a todas las tareas que la obediencia le encomendó”. Ponía en todo el máximo interés y lo hacía con tanta responsabilidad, que hasta a veces se sentía celoso si alguien interfería, o él creía que interfería, en lo que era el ámbito de exclusiva responsabilidad. De todos modos, su educación y su trato eran tan exquisitos que superaba fácilmente cualquier malentendido que hubiera podido producir. Lo recordaremos con mucho cariño y agradecimiento.