Joaquín Garrués Goñi
Coadjutor (1895-1988)
Nacimiento: Ilúrdotz-Esteríbar (Navarra), 7 de enero de 1895
Profesión religiosa: Sarrià, 20 de julio de 1924
Defunción: Pamplona, 23 de enero de 1988
El señor Garrués era el tercero de los nueve hijos que tuvieron sus padres. Ingresó en el colegio de Sarrià el día 14 de diciembre de 1922, donde hizo un curso de aspirantado. En esa misma casa hizo el noviciado y su primera profesión el día 20 de julio de 1924 y, tres años después, su profesión perpetua el día 5 de agosto de 1927.
Al comenzar la Guerra Civil, salió de Mataró donde había estado unos años como enfermero y, a través de Francia, llegó a Pamplona. Aquí le tocará hacer de enfermero, cocinero, sacristán, encargado de la huerta y despensero (1936-1950). Pasa un año en Gerona y vuelve a Pamplona (1951-1964). Dos años en Urnieta y de nuevo a Pamplona, hasta el resto de su vida.
Mientras pudo, estuvo al servicio de todos y atento a las necesidades de cada uno. Cumplidos los 83 años, recorría todavía las calles de Pamplona prestando algún servicio.
Falleció el día 23 de enero de 1988. La misa funeral, con la iglesia a rebosar, fue un canto de alabanza a un hermano sin voz. Su presencia silenciosa y callada a lo largo de 93 años fue semilla fecunda de verdadero testimonio.
Algo que sorprendía diariamente era su palabra medida, ponderada, tranquila y bien pronunciada, francamente culta. Era el hombre de la dulzura y la atención. Su estilo atraía y sorprendía. La palabra «gracias», con frecuencia repetida dos o más veces seguidas, le afluía con espontaneidad y con expresión sentida. Sus palabras pidiendo perdón sin prisas, explicando que él no quería hacer mal a nadie, eran sencillamente conmovedoras.
La fe era connatural en su vida. Atendiendo, como sacristán, al cuidado de la iglesia, oía todas las misas que podía. Otro de sus vicios era el rosario.
¡Los que hiciera falta! Su rosario siempre iba metido en el bolsillo de su chaquetilla de lana.
Ya entrado en años, se le veía saliendo con el correo o dirigiéndose a cuidar los animales y la huerta que cultivaba en el «chalé», casa y huerta cercanas al colegio. Con su inseparable bicicleta, hasta los 83 años, haciendo caso omiso de los peligros con que le amenazaban los conocidos que se cruzaban con él.
Cocinas, despensas, huertas, sacristías, buzones de correo, enfermerías… Estos fueron los espacios y el entorno de la vida salesiana del señor Garrués, bienaventurado de limpio corazón.