Guillermo Gil Calvo
Coadjutor (1854-1935)
Nacimiento: Madrid, 31 de agosto de 1854
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 7 de diciembre de 1904
Defunción: Carabanchel Alto, 31 de agosto de 1935
Nació en Madrid en el año 1854. Los padres procedían de Loranca de Tajuña (Guadalajara). Se trasladaron pronto a Madrid e hicieron fortuna. En plena Puerta del Sol instalaron el café-bar Levante.
De los tres hijos que tenían, Guillermo estudió Farmacia en la Universidad Central. A los 21 años contaba con título de licenciado. Al cabo de unos años cambia de rumbo, deja la farmacia y se matricula en la Escuela Superior de Diplomática. En 1888 termina los estudios de esta especialidad, gana unas oposiciones en el Cuerpo de Archivos, Museos y Bibliotecas y se le asigna una plaza de funcionario del Ministerio de Educación Pública en el Museo Arqueológico Nacional. En 1891 es nombrado secretario del Museo Arqueológico Nacional. Vivía ajeno a la política y deseaba dar cauce a sus inquietudes de perfección.
En 1899 don Rua visita por primera vez España y las casas salesianas que ya están funcionando en la península. El nuncio le expone la necesidad y el ruego de hacer una fundación en Madrid. Con ese intento se crea la inspectoría céltica y es nombrado inspector don Ernesto Oberti. Pronto funda la casa de Madrid-Atocha, que junto con las ya existentes en Vigo, Santander, Béjar y Villaverde de Pontones forman la inspectoría.
Se necesitaba una casa de noviciado y don Guillermo le va a dar la solución. Entabla trato con don Ernesto y ve en él a un hombre a su medida, y se le entrega sin reservas. En Carabanchel Alto hay una finca disponible, la del marqués de Reparaz. Es lo más apetecible para noviciado. Don Guillermo adelanta el importe: 100.000 pesetas, y en 1902 se adquiere la finca. Allí se establece el noviciado el 22 de diciembre de 1903.
Decidido a hacerse salesiano, marcha a Villaverde de Pontones y comienza el noviciado, que terminará en 1904 en su Carabanchel, una vez ultimadas las obras. Hace su profesión trienal el día 7 de diciembre de ese año. Permaneció en Carabanchel desde el año 1904 hasta 1911, en que unas dolencias de erisipela y artritis recomendaron el cambio a El Campello, por las condiciones del clima. La quema de conventos del mes de mayo de 1931 le obligó a regresar a Madrid. Allí continuó hasta el fin de su vida. Su humildad le llevó hasta renunciar a las órdenes mayores y al sacerdocio, por más que le instaban a ello y le daban seguridades de buen resultado. No pasó de las órdenes menores y del subdiaconado. Prescindió de la sotana y se quedó como coadjutor.
Con los superiores era respetuoso, tímido incluso; con los hermanos era caritativo, servicial y generoso; atentísimo y delicado con todos, sobre todo si eran pobres. Todo lo que tenía que hacer lo hacía con sumo esmero y con la meticulosidad que había aprendido antaño en los preparados de farmacia. Los superiores estaban seguros de que cualquier cosa que le encomendaran, la haría a la perfección. Los libros de cuentas eran un modelo de claridad y de orden.
El día 27 de agosto de 1935 había hecho vida enteramente normal. Por la noche había apuntado los gastos y cobros del día y había dejado a punto el correo para echar al día siguiente. Subía la escalera de la residencia para retirarse a descansar cuando, de pronto, notó algo extraño: como un vahído, y se le nubla la vista. «No veo», llega a decir al salesiano de al lado… Y son las últimas palabras que pronunció. Cayó en un sopor del que no se despertaría, por más que acudieron a auxiliarle y llamaron solícitos a un médico y a otro. A las 46 horas expiró, sin haber recobrado el conocimiento. Murió a los 81 años, el día 31 de agosto, el mismo día que había nacido.
El funeral lo presidió don Marcelino Olaechea, compañero suyo de noviciado y novicio fundador de Carabanchel. Estaba ya electo obispo de Pamplona. Fue un honor póstumo para don Guillermo. «A tal señor, tal honor».