Antonio Gili Ferrero
Sacerdote (1852-1925)
Nacimiento: La Loggia-Turín, 18 de febrero de 1852
Profesión religiosa: Turín, 26 de septiembre de 1877
Ordenación sacerdotal: Génova, 17 de diciembre de 1881
Defunción: Málaga, 28 de diciembre de 1925
Nació en La Loggia (Turín) el 18 de febrero de 1852. A los 22 años es presentado por el párroco de su pueblo natal a Don Bosco.
Cuando llegó al Oratorio de Turín el 18 de febrero de 1874, Don Bosco le dijo: «Ven y prueba y si te agrada, quédate conmigo; en caso contrario, somos amigos y amigos continuaremos. Pero me parece que tú eres un mirlo que encerraremos en la jaula».
Tras concluir los estudios de Humanidades en el Oratorio de Turín, Don Bosco lo viste con el hábito talar el 27 de septiembre de 1876, antes de ingresar el 3 de octubre en el noviciado de Lanzo. Ahí profesó como salesiano el 26 de septiembre de 1877. El 3 de octubre de 1879 consagró su vida para siempre a Dios en la casa de San Pier d’Arena (Génova), en la que compaginaba la labor docente con los estudios teológicos. El 17 de diciembre de 1881, fue ordenado sacerdote y desarrolló en esa casa genovesa sus primeros lances sacerdotales.
En 1886 Don Bosco lo destina como prefecto a la casa que pocos meses antes había visitado en su viaje a España, Sarrià, donde permanecerá durante ocho años. Don Bosco, al despedirlo, bromeó con su apellido: «Gili, gili, esto lilium super altare Domini» («Bueno, bueno, sé un lirio sobre el altar del Señor»).
Desde 1895 es destinado, hasta el final de sus días, a la inspectoría bética. Sus 30 años de apostolado se reparten como catequista, consejero, confesor y ecónomo en las casas de Sevilla, Montilla y Córdoba, y sobre todo en Écija (1902-1916) y Málaga (1897-1901, 1917-1925).
En Málaga pasó los últimos años de su vida, donde empezó a sufrir frecuentes ataques epilépticos que le generaban pérdida de la memoria y de la consciencia de sus actos.
Fallecía el 28 de diciembre de 1925 en Málaga, a los 73 años de edad.
Don Antonio Gili fue uno más de los oratorianos de Valdocco que conoció a Don Bosco. De él recibió ejemplo y enseñanzas que después tradujo en su vida. Hablaba de Don Bosco allá por donde iba y animaba a imitar su vida ejemplar. De gran espíritu de piedad, fue un confesor estimado y apreciado por religiosos y seglares.