Gómez Calama, Ildefonso

Ildefonso Gómez Calama

Sacerdote (1923-2001)

Nacimiento: La Alberca (Salamanca), 2 de agosto de 1923
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1940
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1951
Defunción: Sevilla, 13 de marzo de 2001

Nace en La Alberca, típico pueblo salmantino. Sus padres, Alejandro y María Guadalupe, formaron un hogar cristiano, semillero fecundo de vocaciones. Cuatro de sus cinco hijos fueron religiosos: José e Ildefonso, salesianos, María Teresa, franciscana, y Dimas, dominico. Le habían precedido dos tíos en el clero secular y un tercero, Ildefonso Gómez, como salesiano.

Su proceso formativo siguió las clásicas etapas: cinco años de aspirantado en Montilla (1935-1940); uno de noviciado en San José del Valle, concluido con la profesión religiosa el 16 de agosto de 1940, y el trienio de estudios filosóficos. Realiza el tirocinio entre la Sevilla-Trinidad y Sevilla-Triana. En Carabanchel Alto estudia teología y es ordenado sacerdote el 24 de junio de 1951.

Los 50 años de vida sacerdotal, a excepción del primero vivido en Cádiz como consejero, y del sexenio 1967-1973, como director de la escuela agrícola de Campano, los pasa en Sevilla, siempre con alumnos de formación profesional: catorce (1958-1967, 1973-1978) en la universidad laboral como decano y jefe de enseñanzas técnicas; dos en el colegio mayor, pero impartiendo formación religiosa en la laboral y educación física en Sevilla-Trinidad, de la que fue director en el sexenio 1980-1986. Los 18 años restantes los pasa en Triana: el trienio 1952-1955 estudiando peritaje industrial y los 15 últimos de su vida como jefe de estudios de la formación profesional y animador de la pastoral de ciclos formativos.

Dotado de excelentes cualidades, las puso incondicionalmente al servicio de los jóvenes. El lema de su sacerdocio: «La paz es obra de la justicia», lo hizo realidad con mesura y equilibrio. Ildefonso fue un hombre constructor de paz y armonía: ante cualquier conflicto era el puente de unión.

Fue sacerdote siempre y muy especialmente en medio de los jóvenes. Dos fueron los ejes de su sacerdocio ministerial: los cursillos de cristiandad y el movimiento de los Focolares, por el que Ildefonso supo vivir el mensaje de unidad que Jesús trajo al mundo.

Fue un salesiano íntegro, que vivió con gran sentido de pertenencia, con serena disponibilidad y con dedicación plena a los alumnos de la formación profesional, sintiendo hasta el final el valor de la asistencia y de la cercanía. Siempre en el patio, observando mucho y dispuesto a decir la palabra al oído o en público, como en sus preciosos Buenos días.

En plena cuaresma, marchó a la casa del Padre, a consecuencia del infarto cerebral que lentamente fue acabando con su vida. Como buen salesiano, a sus 77 años, pasó del patio al lecho del dolor en el Hospital Infanta Luisa. Falleció el 13 de marzo de 2001.