González Beltrán, Francisco

Francisco González Beltrán

Sacerdote (1899-1974)

Nacimiento: Burriana (Castellón), 2 de febrero de 1899
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 24 de julio de 1919
Ordenación sacerdotal: Sarrià, 2 de junio de 1928
Defunción: Burriana, 10 de diciembre de 1974

Don Francisco González (conocido familiarmente por «don Paco») nació el 2 de febrero de 1899 en Burriana. Pertenecía a una familia de exportadores naranjeros.

El día 2 de diciembre de 1913 entró como alumno interno en el colegio salesiano de Valencia-San Antonio. En 1915 salió para el aspirantado de El Campello y en 1918, a Madrid-Carabanchel Alto para el noviciado. Profesó el 24 de julio de 1919. Después de dos años de estudios de filosofía, hizo el trienio en Valencia. En El Campello estudió los tres primeros cursos de teología y el cuarto en Sarrià, donde fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1928.

Destinado a Valencia, fue responsable de los alumnos de Magisterio que entonces había en el colegio. ¡Cuántos de aquellos maestros nacionales, esparcidos por los pueblos de la región valenciana, le recordaban!

Durante los años de la república no tuvo reparos en enfrentarse con las autoridades, logrando así librar al colegio del cerco cada vez más estrecho de las leyes antirreligiosas y de los registros y asaltos de las turbas. En 1936, al estallar la Guerra Civil, fue muy buscado por Valencia y entre su familia, por lo que decidió huir a Francia, donde sirvió de enlace entre los superiores mayores y algunos salesianos de la zona republicana.

Al terminar la guerra, volvió a su colegio de Valencia, transformado durante la Guerra Civil como hospital militar. En medio de la difícil crisis de la postguerra, don Paco dio la medida de sus extraordinarias cualidades de administrador, no solo por la puesta en marcha del colegio, sino también por el esfuerzo que hubo de poner para que, en medio de tan dura escasez, no faltase el necesario alimento a los varios centenares de internos y mediopensionistas del colegio.

De nuevo volvieron a brillar sus cualidades humanas y profesionales cuando, tras breves períodos en los colegios de Barcelona-Horta y Alicante, fue destinado a Burriana, su ciudad natal. Puede decirse que si este colegio persiste, es debido en gran medida a don Paco. La obra salesiana de Burriana pasaba por una etapa de penuria y languidez, a punto de ser clausurada. Fue llegar él y en poco tiempo aquellas grises escuelitas se fueron convirtiendo en un prestigioso centro, cuya influencia empezó a trascender a toda la provincia castellonense. Se hizo entonces famosa la frase atribuida a don Paco: Burriana surrexit!

Fue un hombre de notable empuje y al mismo tiempo un salesiano piadoso, amante de Don Bosco y de María Auxiliadora, cuya fiesta y procesión popular organizaba con gran mimo y solemnidad, gran difusor de sus devociones, del Boletín Salesiano, preocupado por los cooperadores salesianos y antiguos alumnos, y respetuoso con los superiores.

Supo compaginar su carácter extrovertido con su trato delicado y atento con todos. A pesar de la penuria de los tiempos que le tocó vivir, fue siempre generoso y magnánimo, hasta hacerse proverbial la esplendidez con que recibía a los visitantes.