Tomás Grande Díez
Sacerdote (1936-2020)
Nacimiento: Escurial de la Sierra (Salamanca), 19 de mayo de 1936
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1954
Ordenación sacerdotal: Madrid, 14 de abril de 1963
Defunción: Arévalo, 30 de marzo de 2020
Tomás nació en el pueblo salmantino Escurial de la Sierra, que como el nombre indica está situado en la comarca de la Sierra de Francia, en cuya cima se venera la patrona de Castilla: la Virgen de la Peña de Francia. Sus padres fueron Félix Grande y Ascensión Díez. De ellos heredó un carácter afable y un amor al trabajo ordenado y responsable. Hizo el noviciado en Mohernando el curso 1953-1954 y allí profesó el 16 de agosto de 1954. Siguieron sus estudios de filosofía en Guadalajara. Terminados estos estudios y el tirocinio práctico fue a Carabanchel para cursar los cuatro años de Teología. Fue ordenado sacerdote en Madrid el 14 de abril de 1963. Fue director de los colegios de San José, en el barrio de los Pizarrales de Salamanca (1972-1973) y al cabo de un año fue nombrado director del Paseo de Extremadura de Madrid (1973-1979). Al terminar el sexenio de director marchó a Perú. Trabajó en los colegios de Lima-Sagrado Corazón (1979-1987) y Lima-San Juan Bosco (1987-1991). Volvió a España y residió en la residencia de Carabanchel durante dos años (1991-1993). Volvió a Perú y después de dos años en Lima fue nombrado director del colegio el Callao (1996-1999). Tuvo que dejar el cargo por razones de salud y tras un breve periodo en Lima regresó definitivamente a España. Su primer destino fue la Procura de Madrid (1999-2001) pasando seguidamente a la casa inspectorial, donde ejerció el cargo de vicario de la casa desde el año 2001 a 2018. Una grave recaída de salud y sucesivos infartos con parálisis corporal, obligaron a llevarlo a la residencia de Arévalo, donde permaneció dos años, haciendo grandes esfuerzos por recuperarse, pero al final sucumbió el día 30 de marzo de 2020.
Ordenado, trabajador, amable y servicial con todos. Entre sus méritos está el haber llevado la crónica de la casa inspectorial durante muchos años, dejando una serie de volúmenes, bien encuadernados, elegantes, con buenas fotografías y un cuidado texto, que constituyen un verdadero tesoro para los futuros historiadores, a la vez que son una muestra del modo de ser y de trabajar de Tomás. Una gran pérdida, sin duda. Descanse en paz.