Hernández Andrés, José

José Hernández Andrés

Sacerdote (1928-1986)

Nacimiento: Villarino de los Aires (Salamanca), 5 de julio de 1928
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1947
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1956
Defunción: Sevilla, 4 de noviembre de 1986

Nació en el pueblecito salmantino de Villarino de los Aires el 5 de julio de 1928, en el seno de una familia sencilla y cristiana que ofreció a José para la Congregación Salesiana, y a sus dos hijas, María del Carmen y Gloria, al instituto de Hijas de María Auxiliadora.

En septiembre de 1942 ingresa en el recién abierto aspirantado de Antequera y en San José del Valle hace el noviciado, que culmina con su primera profesión el 16 de agosto de 1947. De inmediato, pasa a Utrera-Ntra. Sra. de Consolación para estudiar filosofía. Concluido el servicio militar, realiza el trienio de prácticas pedagógicas en Antequera con los aspirantes. Durante el cuatrienio 1952-1956 en Madrid-Carabanchel Alto estudia teología, que corona con la ordenación sacerdotal el 24 de junio de 1956.

Tras un año en el Hogar Sevilla-San Fernando, se licencia en Pedagogía en el PAS. Destinado a la Universidad Laboral de Sevilla como responsable del magisterio de costumbres, al año siguiente es nombrado vicerrector y en seguida rector de la misma, cargos que desempeña durante siete años. A pesar de tratarse del primer período en que la Congregación asume la responsabilidad de la universidad laboral, su paso es recordado como uno de los más ricos en iniciativas y en cordialidad, y su persona como un ser humano excepcional, en virtudes, caballerosidad y sacerdote cabal.

Durante el sexenio 1967-1973 dirige la casa Sevilla-Santísima Trinidad, concluyendo la obra de remodelación del colegio. Luego será ecónomo inspectorial por un trienio, otro de director en Mérida y, tras un curso de espiritualidad y pastoral en Roma, lo encontramos en Sanlúcar la Mayor, director de novicios y postnovicios. En 1983 es nombrado vicario inspectorial y responsable del sector educativo-pastoral.

Fue un hombre fiel, confidente seguro, incansable en su trabajo, siempre alegre, optimista y, para todos, un buen amigo que pasó haciendo el bien. Al comunicarle el inspector la gravedad de su enfermedad, le dio las gracias por su franqueza y, sin inmutarse, le dijo: «Esto no me preocupa, ya sabes que hace tiempo entregué mi vida totalmente a Dios. Lo mismo me da si quiere llevársela ahora que más tarde».

Falleció el día 4 de noviembre de 1986, a los 58 años.

Poseía una gran cultura y gran preocupación por el campo de la educación. Fomentó la presencia de salesianos y colaboradores seglares en cursillos de actualización didáctica y pedagógica y fue el alma de las jornadas pedagógicas ofrecidas a religiosos y seglares de toda la Familia Salesiana.

Espíritu extrovertido, tenía una simpatía arrebatadora, era un salesiano de alegría expansiva, acogedor y con gran espíritu de servicio. Afirmaron de él: «Nunca se negaba a ayudar o a suplir. Con un hombre así no caben penas».